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O Courel real, lugar de lucha y adaptación

Entre la imagen idílica que se lleva el turista de fin de semana y el terreno inhóspito que pintan otros, existe un Courel real, en el que nada es tan malo ni tan bueno y en el que hay que encontrar el equilibrio entre el hombre y la naturaleza

LOS HABITANTES de O Courel ya no llevan la cuenta de las batallas que ganaron y perdieron en el último medio siglo. En este municipio de poco más de un millar de habitantes repartidos en nueve parroquias y 70 kilómetros cuadrados de superficie, los vecinos promovieron sonadas protestas por los servicios sanitarios, la actividad de las canteras, el transporte, la construcción de centrales hidroeléctricas, el colegio, el parque natural y las farmacias. En unas les fue mejor y en otras peor, pero lo que aprendieron sus habitantes es que en la sierra no se regala nada y el día a día es cuestión de lucha y capacidad de adaptación. 

Elmirinda Rodríguez y Santiago Vázquez son dos vecinos de Mostaz, una aldea que pertenece a la parroquia de Esperante en la que quedan cuatro casas habitadas y un total de siete personas. 

Mostaz fue noticia hace unos días porque se quedó sin agua por la sequía y desde el Ayuntamiento les llevaban suministro con una motobomba. 

Que en pleno siglo XXI un pueblo esté sin agua en invierno parece inconcebible y da unos titulares redondos. Pero para Elmirinda y Santiago no deja de ser una circunstancia más de la vida en la montaña. "Mostaz nunca foi bo sitio de auga. Temos unha traída veciñal dende fai moitos anos, pero non é a primera vez que seca", explica Santiago Vázquez. "Para os poucos que somos a auga tiña que chegar, pero este ano entre que o depósito perde algo e veu moita seca quedamos sen ela", añade este hombre que trabaja en las canteras y con 50 años es de los más jóvenes del pueblo. Su vida está en la montaña y no se plantea dejarla. 

Su vecina Elmirinda opina lo mismo, tampoco tiene pensado irse. Lo del agua fue un contratiempo incómodo, pero en peores se ha visto. "O problema máis grave que temos é que falta xente, o resto vamos tirando", dice Elmirinda. "Fai falta traballo, se hai empregos a xente vén", insiste. El Ayuntamiento anunció que el próximo año habrá incentivos a la natalidad, pero para esta vecina lo prioritario son los puestos de trabajo, eso animaría a la gente a quedarse en O Courel y a tener hijos. 

"Aquí o que falta é traballo, se se crean empregos a xente pode quedarse a vivir", explica Elmirinda Rodríguez

Por edad, otra de las prioridades de esta vecina de Mostaz es el servicio sanitario. En el año 2009 hubo muchos problemas para cubrir las plazas de médico de los centros de salud de Seoane y Folgoso, los dos que hay en el municipio, "pero ahora temos unha médica en Seoane moi boa", dice Elmirinda. 

La doctora pasa consulta en Seoane por la mañana y si se ponen enfermos por la tarde tienen que ir a Quiroga y de allí Monforte, aunque si la cosa pinta mal prefieren viajar directamente a Lugo. 

"Cando chegamos ao Hula din que non nos toca alí, que nos toca Monforte, pero a estrada é moito mellor para Lugo e chegase antes", explica Santiago. "E se che da para morrer xa nin Lugo nin Monforte", remacha Elmirinda.

Pedro Lemos Vecino de Ferramulín
"Non temos autobús e iso é unha complicación moi grande para os maiores"

Ferramulín es la población más oriental de O Courel, a 800 metros de distancia ya está la provincia de León. Pedro Lemos es uno de sus vecinos más jóvenes de las cuatro casas que hay habitadas todo el año en la aldea. 

Este hombre no se imagina vivir en ningún otro sitio. "Tolo sería, este é O Courel auténtico", dice, y basta echar una ojeada al entorno para darle la razón. Ferramulín es bonito con ganas, pero también tiene su dureza y quizá por ello sus vecinos presumen de guerrilleros. 

Con sus protestas consiguieron parar la construcción de una minicentral en el río Selmo hace tres lustros y más recientemente tuvieron que resolver un problema de lindes con los vecinos leoneses de Oencia. 

Este invierno en Ferramulín también faltó el agua. Uno de los manantiales que abastece la traída vecinal se secó, pero se apañaron. Las dos primeras veces rellenaron el depósito de 16.000 litros de capacidad gracias a la motobomba municipal y la tercera vez bombearon agua del río Selmo. "Foi algo circunstancial, nunca pasara dende que se fixo a traída a finais dos anos sesenta", explica Pedro Lemos. "O problema non era solo que faltara a auga, tiñamos medo de que se conxeralan os tubos, porque xeou moitísimo, e romperan", argumenta este afectado. "Se rompe a traída e temos que arranxala o desastre sería moito máis gordo", añade el hombre. 

Para Pedro Lemos quizá el varapalo más duro que recibió el pueblo fue la pérdida del autobús que les llevaba a Quiroga, que está a 33 kilómetros, o a Seoane, que está a 19. Ese sí que fue un contratiempo, especialmente para los mayores que si quieren ir al médico dependen del taxi o de los vecinos más jóvenes que tienen coche y cada vez los jóvenes son más viejos porque en este pueblo no hay ningún niño. 

Al igual que en Mostaz, lo de la natalidad es un verdadero problema. 

Por lo demás, el hombre no se queja. "Os turistas que chegan á Seara pasan todos por Ferramulín así que esta zona ten bastante vida dende a primavera e ata final do outono. O máis duro é o inverno", concluye.

Más testimonios

Adrián Otero y Pilar Veiga, vecinos de Órreos
"Hai campañas para que a xenta viva no rural, pero o apoio non existe"

La aldea de Órreos se quedó vacía a finales de los años sesenta y hace ocho que Pilar Veiga y Pedro Romeu se asentaron en ella, donde crece su hija de siete años. Durante años fueron los únicos habitantes de Órreos, pero desde hace un tiempo les acompaña Adrián Otero, que también llegó para quedarse, y hay otras tres familias que arreglaron casas para ir los fines de semana.

Los vecinos de Órreos tienen electricidad gracias a un generador y bombean el agua de una fuente. Pilar y Adrián explican que en la aldea hay tres problemas básicos que resolver. El primero el de las viviendas en ruinas. Hay varias casas que se caen a pedazos y suponen un riesgo para los demás habitantes. Lo ideal sería que los propietarios o el Ayuntamiento retirasen los restos de esas edificaciones para evitar una desgracia.

El otro problema es la vía de acceso. Para llegar a Órreos desde la carretera de Seoane hay que coger un desvío de un kilómetro. Pero es muy estrecho, tanto que, por ejemplo, el cartero no sube y les deja las cartas en Ferramulín. Tampoco entra una ambulancia o una motobomba. La demanda de los habitantes de Órreos es que se ensanche la pista.

La otra petición se refiere al servicio de agua. Consiguieron el permiso de la Confederación Hidrográfica para hacer la obra y tienen un año para ejecutarla, pero están pendientes de que la Diputación de Lugo les conceda una ayuda para desarrollarla. "É a cuarta vez que pedimos a axuda", explica Pilar.

Los de Órreos arriesgaron mucho al instalarse en la aldea, están contentos con en lugar elegido y se entregaron en cuerpo y alma al pueblo, pero están decepcionados con la respuesta de las administraciones. "Ves moitas campañas nas que se anima á xente nova a apostar polo medio rural, pero cando das o paso ese apoio que che venden non existe", añaden.

Armando Fernández, vecino de Visuña
"Cando neva deixamos o coche na estrada para non quedar illados"

Cuando uno se acerca a la población de Visuña a pie de carretera se encuentra unos alpendres de piedra perfectamente integrados en el entorno reconvertidos en garajes. Pura capacidad de adaptación.

Armando Fernández López explica que Visuña está a un nivel más bajo que la carretera y cuando nieva si uno no quiere quedar incomunicado lo más seguro es dejar el coche al pie de asfalto para tener servicio cuando pasa la quitanieves. Este pueblo está pegado al Alto do Couto, a 1.400 metros de altura, por lo que es de los primeros en ver la nieve. Armando Fernández dice que en O Courel se vive bien si uno tiene trabajo. "Hai as limitacións dun sitio de montaña, sempre se pode mellorar pero tamén empeorar", defiende.

En su familia son diez hermanos, casi todos emigraron en busca de un empleo. Él se fue a Ponferrada, pero cuando cerró la empresa en la que trabajaba se volvió a Visuña y ahora está en el servicio de recogida de basura municipal. Conoce bien las carreteras de la zona y reconoce que efectivamente a O Courel le faltan todavía muchas comodidades, pero entiende que la orografía del terreno impone sus propias limitaciones y que al fin y al cabo la vida en la aldea no puede ser igual a la de la ciudad.

Armando Fernández cree que el secreto para vivir en la sierra es aprovechar los recursos propios y llevar una vida acorde con las condiciones. En su casa hacen una buena matanza, no falta leña, tienen huerta y un buen congelador. Así que si la nieve impide salir no hay problemas de abastecimiento.

¿Y si en plena nevada hace falta un médico? Pues habrá que recurrir a uno de los vecinos que tiene todoterreno y que la quitanieves abra camino. El principio de solidaridad vecinal es básico en O Courel.

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