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Paco Cabarcos: "Creo que la eutanasia no debería ser ilegal. Yo no he decidido nada, pero no la descarto"

Paco Cabarcos. XESÚS PONTE

Paco Cabarcos. XESÚS PONTE

Paco Cabarcos es un licenciado en Historia del Arte que trabajaba en el tratamiento de hierro para construcción en la época en la que el sector parecía imparable. Deportista, no era extraño que recorriera 40 kilómetros en bicicleta una tarde cualquiera después de una jornada laboral cortando piezas de kilos y kilos. "Lo hacía sin despeinarme. Bueno... despeinándome un poco", matiza.

Ahora cuenta, con el hablar lento, que su madre vivió casi 30 años con una enfermedad, la ataxia, que cuando le fue diagnosticada recibía el apellido de hereditaria. Murió en una silla de ruedas, sin poder comer por sí misma o hablar, pero Paco y su hernama Carmen están convencidos de que todavía les reconocía, que respondía a los afectos.

En 2006, ambos se hicieron el test que dirimiría si eran portadores de la mutación del gen de la ataxia. Aunque es una prueba que ahora se hace a los familiares del paciente cuando se diagnostica, no estaba disponible cuando se le puso nombre a lo que padecía su madre. Echando la vista atrás, Paco se arrepiente de esa decisión. "Hice mal en hacérmela. Entonces no tenía síntomas evidentes y al saber que la había heredado empecé a ver cosas que atribuía a la enfermedad", explica.

"Soy afortunado, tengo ataxia de tipo II, que es la menos grave. Otros están en silla de ruedas desde los veinte años"


Su hermana, igualmente portadora del gen tiene menos afectación y no está enferma. Paco, sin embargo, lleva ya unos ocho años jubilado a causa de esa patología neurodegenerativa que produce el deterioro y muerte de las células del cerebelo, las que controlan la coordinación muscular y el equilibrio. 

"Lo que más me cuesta ahora es caminar. Tengo un scooter de movilidad. Lo peor son las caídas, que me afectan mucho. Tuve dos y son un retroceso", explica, al tiempo que insiste, como hará otras veces a lo largo de la entrevista, en que es un privilegiado. "Tengo ataxia de tipo II, que es la menos grave. Otros están en silla de ruedas desde los 20 años", dice.

Hay muchas cosas que ya no puede hacer por sí mismo: ni la comida, ni las cosas de la casa. Es su hermana, con la que vive, la que asume esas tareas por los dos. Por supuesto, hay muchas cosas de las que sigue disfrutando: un café o una caña en su bar de siempre o los documentales de historia.

A estas alturas, considera la vida "una lucha" en la que no hay nada seguro. Cita a Heráclito y su todo fluye y dice que no tiene claro cómo llevará lo que ha de llegar, de la misma forma que nadie lo tiene hasta que llega. Se enfrenta a las cosas según van sucediendo. "No puedo pensar en el futuro. En el futuro pensaré en el futuro, si es que puedo pensar entonces", señala.

Sin embargo, aunque en un terreno puramente personal todas las decisiones estén por tomar, sí está rotundamente seguro de que todo el mundo tiene derecho a tomar decisiones sobre el final de su vida. "El sufrimiento no forma parte de la vida. Ese sufrimiento, no. Creo que la eutanasia está plenamente justificada. No debería estar penalizada. No he decidido nada, pero no la descarto y creo que todos los que quieren acceder a ella deberían poder hacerlo. Evita enfrentarse a aumentar un sufrimiento propio y ajeno", dice.

A su juicio, el hecho de que en España se abra el debate sobre la eutanasia y el suicidio médicamente asistido cada cierto tiempo y nunca avance más allá de determinado punto se debe al "fuerte poder de la Iglesia". Reitera su "máximo respeto a quien piense diferente", pero cree que la religión no puede ir contra el hombre.

Cree que la sociedad tiene carencias evidentes al respecto. "Se debería desdramatizar la muerte. Verlo como algo normal, como lo que es", reclama. No es la única que ve. También pide consideración hacia los enfermos, que no se les aplique una desconfianza inmediata en el trato, que se ejerza la empatía. Recuerda de su madre, que jamás bebió una gota, cómo tantos desconocidos la trataban de borracha, por el hablar pausado y caminar errático que deja la ataxia en los primeros estadíos.

Su hermana asiente. Cuando habla de cómo se tiene que intentar vivir sin sufrir, le dice que está totalmente de acuerdo con él. "Muchas de las personas que están en contra de que se despenalice la eutanasia, quizás si tuvieran a alguien enfermo cerca, les cambiaría el chip. Quizás si fueran capaces de empatizar y de ponerse en el lugar del enfermo verían las cosas de otra manera", señala Carmen.