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Pepe Navarro Pepe Navarro
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Luisa Bombal, desnuda en la niebla

"Esa mujer que no estaba en la nómina del boom latinoamericano tenía los destellos más hondos de Latinoamérica, una magia sutil y leve que iba más allá de todas las operaciones comerciales o las inclusiones y exclusiones, que soltaba su pasión callada para unos cuantos lectores silenciosos"

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ESTA MUJER siempre me fascinó, incluso desde antes de leerla, desde que solo tenía referencias sobre ella, la había descubierto en manuales de literatura, había saboreado sus títulos, había leído de qué trataban sus obras, había tal vez paladeado algunas frases, en todo caso había entrado en su atmósfera única, para mí todo es cuestión de atmósfera, del alma de una persona, que se puede traslucir en pequeños detalles, en frases sueltas, en un gesto, era una mujer cuyo aire vagaba hacia mí saliendo de sus libros cerrados, de sus títulos, yo le hablaba de ella con entusiasmo a Xesús Manuel Valcárcel y él me contestaba con ironías, porque muchas veces si alguien no pertenece al canon intelectual conocido se le descarta sin indagación, tenemos nuestro canon cerrado y los periféricos raramente entran, como decía Machado despreciamos lo que ignoramos.

Pero ahora pienso, y siempre lo he pensado, que esa mujer que no estaba en la nómina del boom latinoamericano, ni de sus antecedentes, ni salía en ese libro maniático de Luis Hars Los nuestros, tenía los destellos más hondos de Latinoamérica, una magia sutil y leve que iba más allá de todas las operaciones comerciales o todas las inclusiones y exclusiones, que soltaba su pasión callada para unos cuantos lectores silenciosos, con las antenas puestas, que captan lo que vaga por la niebla, era una de esas escritoras solitarias que a oscuras captan toda la vibración de un mundo, y que finalmente acaban siendo mucho más auténticas que todos los autores sensacionalmente conocidos, los que llenan estanterías y páginas de las revistas y apuntes de los gabinetes universitarios, es una escritora admirada por los más grandes, que la sienten como un perfume perdido, difícil de nombrar, difícil de encerrar en palabrerías críticas o en eslóganes publicitarios, una escritora callada que siente calladamente con toda la fuerza interior en una esquina del continente, y coge toda el aliento de las palabras sacado de las estancias secretas, de las noches acalladas, de las esperas sin fin, de las sensibilidades sin estridencias.

En La amortajada, donde ya está la atmósfera fantasmal de Juan Rulfo, una mujer muerta evoca con sutileza todas sus frustraciones, todas sus ansias soñadas, una mujer los observa a todos desde la muerte, debajo de su mortaja, los ve a todos con acuidad, desvela la vida desde el lado de la muerte, toda la vida es una nostalgia y una oportunidad perdida, en La historia de María Griselda habla de la tragedia de una mujer increíblemente bella que vive en una soledad terrible, todo el mundo la ha admirado con espanto pero nadie la ha querido, solo la narradora la ama de verdad, la belleza era como un alejamiento del mundo, como otro tipo de fracaso, igual que los ángeles se vuelven intocables y desean tocar a las personas en una película de Wim Wenders, sus novelas cortas y densas se centran en las mujeres y todo cuanto han tenido que callar, como han tenido que guardarse sus sueños, sus sensualidades, sus deseos de una vivencia más plena, como se ven sujetas a los dominios y los despistes de los hombres, como han de refugiarse en los sueños o en los pequeños detalles evocadores.

En La última niebla una de estas mujeres se despierta de pronto en mitad de la noche, se levanta y sale a las calles, la ciudad está envuelta en niebla, encuentra a un desconocido y lo sigue hasta su casa, cada uno intuye lo que desea el otro, su pasión delicada se desborda sin aspavientos, viven una noche de plenitud, se poseen el uno al otro completamente, después ella vive de ese recuerdo, lo evoca muchas veces, por lo menos durante una noche en su vida, mientras el marido no se enteraba, ella vivió algo verdadero, se consuela con que ha vivido al menos una vez, hasta que un día pregunta al marido si la vio levantarse una noche de niebla y salir a la calle, y el marido contesta que ella nunca se levantó de noche ni salió a la calle, que nunca la ciudad estuvo envuelta en niebla, ella concluye que probablemente lo soñó, pero de todos modos esa noche imaginada es la que ha hecho vivir, le ha dado su entusiasmo, la ha manifestado, ha servido de refugio a su ser más íntimo, cuando oye la aclaración la mujer se sume en la angustia, todo fue una fantasía, su vida entera se ha estragado, ha permanecido irrealizada, como ocurre tantísimas veces, pero a pesar de todo, por medio de aquella ensoñación, ha conseguido al menos decírselo a sí misma, sacar su cuerpo de algún modo de su soledad irreparable, esa noche imposible es la que ha hecho vivir a esa mujer, la que le ha dado su entusiasmo, la que la ha manifestado, ha servido de refugio a su ser más íntimo, ha tenido un momento visionario y ha visto cómo se realizaba a sí misma, y tenía que ser en la niebla, cuando la realidad está dudosa, cuando la pasión puede afirmarse sin que la golpeen los límites de las cosas, cuando no la persiguen las palabras, todo el resto de su vida fue frustración, un matrimonio como institución burguesa que robó su pasión y su vida, las rutinas de cada día, las mentiras de la sociedad, y al final queda la melancolía y la nostalgia, pero ¿qué sería de esa mujer si al menos no hubiera soñado que su cuerpo vivía y latía en una noche de niebla?

Y lo cuenta todo con una sensibilidad intensa, que repasa cada movimiento secreto, la resonancia de cada gesto, el perfume de cada mueble, las soledades inmensas del campo, lo nebuloso de las ciudades, todo es intimidad aspirada, cada palabra es como un frasco, suelta en la noche del lenguaje su perfume más secreto, cada frase tiene una especie de música evocadora y callada, nunca hay estridencias, es como ese sonido de fondo que queda en ciertas casas donde se han vivido tantas cosas y ahora están muertas, donde se han sentido tantas cosas que no se han expresado.

María Luisa Bombal nació junto al mar en Chile, se educó en París, Pablo Neruda la invitó a Buenos Aires, disparó a su amante en un brazo en Santiago de Chile, se casó con un noble francés en Estados Unidos, fue amiga de Sherwood Anderson en Chicago, se emborrachó durante años, murió anónima en un hospital público de Chile, y Borges escribió, con su aparente negligencia que escondía siempre una emoción melancólica, sobre La amortajada: "Libro de triste magia, deliberadamente anacrónico, libro de oculta organización eficaz, libro que no olvidará nuestra América".

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