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Odile Rodríguez de la Fuente Odile Rodríguez
► RAMÓN ROZAS  
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Una geografía vital

'La uruguaya' es la sorpresa literaria de la temporada. Su éxito en Latinoamérica se ha visto refrendado en España con una historia generacional en la que muchos de los que han cumplido 40 años se verán reflejados

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Hay libros que se pegan a la piel del lector. Textos con los que uno, por los motivos que sean, sobre todo los relacionados con las experiencias propias, se siente reflejado en sus palabras. Son libros que parecen situarse, no tanto junto al lector, y sí como resúmenes de un grupo generacional, de un colectivo que responde a toda una serie de rasgos comunes. Y para eso poco importa si la historia que se cuenta se sitúa en Madrid, Moscú o Montevideo. Las geografías físicas poco entienden de las geografías personales, en ellas la literatura disuelve ríos y cordilleras frente a las emociones que la vida nos hace experimentar.

Pedro Mairal nació en Buenos Aires en 1970. Autor de novelas, poesía y guiones cinematográficos, escribe para diferentes medios de comunicación latinoamericanos. El pasado año publicó en Argentina La uruguaya, editada ahora en España de la mano de la siempre intuitiva editorial Libros del Asteroide. Y La uruguaya es, precisamente eso, un relato que, partiendo del individuo, ofrece una dimensión generacional que se sitúa ante un hombre de cuarenta años con dudas sobre su matrimonio y en el que un cambio de ciudad durante un único día motivado por un viaje entre Buenos Aires y Montevideo para cobrar un anticipo por unos libros le llevará a plantearse muchas cosas sobre su actual estado vital. En él, permanentemente sobrevuela el cómo la vida nos va posicionando ante diferentes situaciones que son las que van definiendo nuestra existencia, las que generan un mapa en el que se van sedimentando diferentes accidentes geográficos que nos costará más o menos superar, pero que en cualquier caso marcarán nuestro devenir y motivarán infinidad de situaciones motivadas por el miedo, las dudas, las preguntas sobre cómo irán discurriendo los años siguientes, en definitiva, nosotros y lo que nos rodea.

El autor nos sitúa ante una jornada en la que el protagonista hace de esa nueva geografía una especie de retorno a un momento previo de su vida, estableciendo contacto con una mujer que llegó a significar un momento inolvidable en el tiempo, aunque éste fuera muy escaso. Esa compañía parece convertirse en un soplo de aire fresco, pero solo servirá para comprender aquello que canta Sabina de que "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver", por lo que se había convertido en un feliz de recuerdo de un amor iniciático se convierte en una repetición de errores, en una sucesión de situaciones que, partiendo de lo cómico, no dejan de mostrar lo grotesco del personaje y como cada tiempo vivido responde a un momento determinado. Saltarse esa sucesión cronológica deriva en situaciones como las que se producen en el transcurso del relato. Un devenir que se convierte en brillante por la capacidad del autor para transmitir sensaciones, para reflejar el pasado y el presente a través de la mirada del protagonista y sus continuos planteamientos de su existencia que no hacen más que dirigirse en una huida hacia adelante en la que las parejas se van modificando y las relaciones entre hombres y mujeres pasan por situaciones muy propias de nuestro tiempo, y así todo parece fluir con una enorme normalidad a lo largo del libro gracias a la capacidad para narrar de Pedro Mairal, como él mismo escribe en el final del relato: "Escribo sobre lo que me pasa". Una escritura directa, sin grandes artificios literarios, sin las vanas pretensiones que muchos escritores buscan introducir en sus obras para mostrar lo bien que escriben, lo mucho que saben de literatura, pero olvidándose de rascar en la piel del lector, allí donde la complicidad con el autor es lo que le concede importancia a un relato, aunque este no trate de grandes circunstancias, sino, simplemente, de un hombre repleto de preguntas, situado en una de esas encrucijadas en las que la vida te mide y en las que nadie posee un libro de instrucciones sobre que es lo que hay que hacer. En la que simplemente uno contesta: "Soy yo".

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