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Eva González Eva González
 
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La basílica de San Martiño recibió la visita de un grupo de diez japoneses

Los asiáticos acudieron a Galicia para ver el monumento focense y la catedral de Santiago

Grupo de turistas japoneses, en San Martiño de Mondoñedo. JOSÉ Mª ÁLVEZ (AMA)

Grupo de turistas japoneses, en San Martiño de Mondoñedo. JOSÉ Mª ÁLVEZ (AMA)

La basílica de San Martiño de Mondoñedo, en Foz, cada vez está siendo más conocida. Ser la catedral románica más antigua de España atrae a miles de turistas cada año, y cada vez vienen desde más lejos. Fue el caso de diez japoneses que ayer visitaron el monumento histórico acompañados por una guía japonesa con conocimientos de inglés y Silvia Blach, concejala de cultura de Foz y experta conocedora de los entresijos de la catedral que también actúa como guía en el templo.

El grupo de japoneses que recaló en Foz había salido de Madrid y en su periplo gallego solo les interesaba ver dos cosas: la catedral de Santiago y la basílica de San Martiño, lo que habla de la importancia que para ellos tenía esta visita a Foz. La primera parada la hicieron en la basílica de San Martiño de Mondoñedo. Tras verla, fueron a Compostela donde tenían contratada una visita a los tejados de la catedral y al museo catedralicio, dos de los lugares más visitados de la capital gallega.

Los asiáticos llegaron a través de una agencia con una guía y con fotos de la basílica y explicaciones en su idioma. «Vienen a tiro hecho y saben lo que quieren ver», dice Silvia Blach, que estuvo con ellos alrededor de una hora, que es lo que dura una visita guiada al templo. «Lo que más les impresionó, aunque no son muy expresivos, fueron las pinturas románicas y los capiteles historiados; ellos venían buscando románico», detalla la guía.

Pero no fue los único que les llamó la atención. También preguntaron por los capitales de Salomé y del Rico Epulón y el pobre Lázaro. Lo que más les sorprendió fue la historia de Habacuk, que está en un fresco del siglo XVI en el ábside sur, en la cabecera, «porque es algo que desconocían», matiza Blach.

Tras la visita interior, que duró unos 45 minutos, estuvieron otros 15 minutos observando el monumento románico desde el exterior, y también hicieron preguntas a Blach a través de la guía japonesa, que se comunicaba con la concejala focense en inglés.

Unas de las cosas que más sorprendió a la guía de San Martiño es que no pusieran problemas para hacerles fotos: «Ellos, por su educación, son muy escrupulosos con el tema de las fotos, pero no pusieron ningún problema».

OTRO GRUPO EN 2016. Silvia Blach reconoce que no es habitual ver a japoneses visitando la basílica de San Martiño, pero que tampoco es la primera vez que se acercan a Foz. «El año pasado hubo un grupo de unas 20 personas que se sentaron en los bancos y cogían apuntes, incluso dibujaban algún capitel», recuerda.

«También hubo una familia de unos siete miembros del mismo país que después de darles la explicación del templo me preguntaron qué sabía yo de Japón; les dije lo típico y cuando se iban me regalaron una cajita de Hello Kitty porque donde ellos vivían era donde se fabricaba esta muñeca tan famosa entre los más pequeños», concluyó.

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