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Eduardo Mendoza recibe el Premio Cervantes: "Vivimos tiempos confusos e inciertos"

El escritor centra su discurso en la figura de Don Quijote y reivindica el humor en la literatura

Eduardo Mendoza es aplaudido tras recibir el Premio Cervantes de manos de Felipe VI. JUAN CARLOS HIDALGO (EFE)

Eduardo Mendoza es aplaudido tras recibir el Premio Cervantes de manos de Felipe VI. JUAN CARLOS HIDALGO (EFE)

El escritor Eduardo Mendoza ha recibido el Premio Cervantes este jueves 20 de abril en una ceremonia como es tradición en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares en la que ha asegurado estar "perplejo, atemorizado y descontento" de cómo va el mundo, que vive "tiempos confusos e inciertos".

"Vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos, porque somos una especie atolondrada y agresiva y quizá mala, si hubiera otra especie con la que nos pudiéramos comparar", ha asegurado Mendoza en un discurso cargado de humor e ironía.

Por el contrario, el autor de La verdad sobre el caso Savolta ha señalado que la incertidumbre y la confusión a las que se refiere son "de otro tipo". "Un cambio radical que afecta al conocimiento a la cultura, a las relaciones humanas, en definitiva, a nuestra manera de estar en el mundo. Pero al decir esto no pretendo ser alarmista. Este cambio está ahí, pero no tiene por qué ser nocivo, ni brusco, ni traumático", ha apuntado.

En este sentido, Mendoza ha enmendado una frase del Quijote al aseverar que no es que "no haya pájaros en los nidos de antaño" durante su vuelta a casa, sino que "los hay, pero son otros pájaros".

Siguiendo este hilo de mezclar realidad con ficción novelesca, el autor catalán ha reconocido que alguna vez se ha preguntado si don Quijote "estaba loco o si fingía estarlo para transgredir las normas de una sociedad pequeña, zafia y encerrada en sí misma".

Así, su conclusión es que el ingenioso hidalgo está "realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos y, en consecuencia, le dejarán hacer cualquier disparate que le pase por la cabeza".

"Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo. Pero en una cosa le llevo ventaja a don Quijote: en que yo soy de verdad y él un personaje de ficción", ha señalado.

El escritor –que se ha autodefinido como "Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores" en una defensa de la humildad frente a la vanidad– ha admitido haber releído por tercera vez la novela de Miguel de Cervantes tras "la cordial e inesperada llamada del señor Ministro" notificándole la concesión del premio.

"Pensé que tenía el deber moral y la excusa perfecta para volver, literalmente, a las andadas. En esta ocasión seguía y sigo estando, en términos generales, satisfecho de la vida. De nada me puedo quejar e incluso ha mejorado mi estado de salud: antes padecía pequeños desarreglos impropios de mi edad y ahora estos desarreglos se han vuelto propios de mi edad", ha confesado.

En esta lectura de madurez, lo que se encontró Mendoza fue que había otro tipo de humor en la obra de Cervantes, un humor que "no está tanto en las situaciones ni en los diálogos, como en la mirada del autor sobre el mundo". Un humor que camina en paralelo al relato y que reclama la complicidad entre el autor y el lector. Una vez establecido el vínculo, pase lo que pase y se diga lo que se diga, el humor lo impregna todo y todo lo transforma", ha señalado.

En relación a este descubrimiento, el autor entiende que al ser premiado en esta edición, se ha "querido premiar este género, el del humor, que ha dado nombres tan ilustres a la literatura española, pero que a menudo y de un modo tácito se considera un género menor". "Yo no lo veo así. Y aunque fuera un género menor, igualmente habría que buscar y reconocer en él la excelencia", ha reivindicado.

En cualquier caso, ha reconocido que, a pesar de ser recibido como un libro cómico, el Quijote ya no lo es tanto a día de hoy. "Los tiempos cambian y aunque el humor es el mismo, nuestra percepción de lo cómico ha cambiado. En este sentido, en la actualidad el Quijote ha perdido buena parte de su comicidad. Visto desde mi perspectiva, los episodios jocosos no son muchos ni muy variados y repiten un patrón convencional: confusión y paliza", ha apuntado.

Mendoza también ha lamentado el 'abandono' de las humanidades en el colegio y, en especial, de la obra de Cervantes. "En algún sitio he leído que la presencia obligatoria del Quijote en la enseñanza no pasa de ser una leyenda urbana. Es cierto, pero toda regla tiene su excepción", ha comentado con humor.

"A los que hicimos preuniversitario el año académico de 1959/60 nos tocó leer y comentar El Quijote, tanto a los que habíamos optado por el bachillerato de letras como por el de ciencias. A diferencia de lo que ocurre hoy, en la enseñanza de aquella época prevalecía la educación humanística, en detrimento del conocimiento científico, de conformidad con el lema entonces vigente: que inventen ellos", ha lamentado.

Por último, en su discurso Mendoza ha agradecido a varias personas su apoyo y cariño, y en especial a dos. "Una es Pere Gimferrer, que me dio la primera oportunidad y es mi editor vitalicio y mi amigo incondicional. La otra es, por supuesto, Carmen Balcells, cuya ausencia empaña la alegría de este acto", ha destacado.

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