BARRA LIBRE

Un agujero en la cabeza


Etiquetas: Barra libre, Eta, terrorismo, Gadafi, Miguel Olarte

23/10/2011 - Miguel Olarte

el hombre es arrastrado y zarandeado por una turba armada y eufórica. «¿Pero es que no conocéis la clemencia?», les suplica, como si él sí supiera de qué habla. Descubre la respuesta cuando mira la mano que acaba de pasar por su cara, enrojecida por su propia sangre, y en su rostro grotesco, hijo de mil operaciones estéticas a mayor gloria de sí mismo, se dibuja el adiós a la esperanza, que es lo último que se pierde.

Unas horas después, su cadáver yace en una camilla de cualquier morgue. En la frente, sobre el ojo izquierdo, un agujero de bala. Sus hasta ayer súbditos desfilan ante los despojos; unos, los menos, para llorarle; otros, para asegurarse de que el tiro fue lo suficientemente certero; los más, para poder decir que estuvieron allí. La muerte de Gadafi, titulan los diarios, inicia el camino hacia la democracia en Libia, después de 42 años de gobierno del sátrapa. Vamos, que ya solo queda lo más difícil.

El mismo día, en los mismos periódicos, tres personas se encapuchan el alma para hincar la rodilla. Después de más de cuarenta años firmando sus mensajes con un agujero de bala en la cabeza, ya solo les quedan los agujeros de sus capuchas y sus conciencias agujereadas. «Eta anuncia el cese definitivo de la lucha armada», suplican con esa manera bravucona que tienen de suplicar. La renuncia de Eta a las armas, titulan los diarios, abre el camino a una democracia sin tutelas.

Son dos modos bien diferentes de cimentar el de ahora en adelante. Libia, sobre el cadáver de un ejecutado; España, sobre la ausencia de cadáveres.

Creo que estamos ante uno de los momentos más grandes y felices de nuestra breve democracia. Por eso me llama tristemente la atención la reacción de muchos de nuestros ciudadanos de pro. Da la sensación de que algunos hubieran preferido un coche bomba que el comunicado de rendición de la banda.

Aunque la verdad es que en este país tenemos una gran tradición en eso de vivir contra. No hace tanto dio el relevo la generación que contra Franco vivía mejor, y ahora parece que quieren recoger el testigo los que vivían mejor contra Eta.

También podemos enseñar algo a los libios en eso de afirmar nuestros cimientos sobre cadáveres. Por recordar solo dos, puede que sin el récord de salto de altura de Carrero Blanco el desfile de ciudadanos ante el cuerpo incorrupto del generalísimo no hubiese sido igual. Y todavía tenemos pendiente reconocerle al marqués de Villaverde su gran trabajo en favor de la transición.

Eran otros tiempos, sí, pero en esos ya estaba Eta. Son muchos años, ya deberíamos conocernos. Los pechos hinchados con las llamadas a la negociación no son sino su forma de preguntar «¿pero es que no conocéis la clemencia?» Pues va a ser que algunos, no. Da la sensación de que demasiadas personas en este país necesitan un cadáver ante el que desfilar, un agujero de bala en la cabeza en el que poder meter el dedo. Yo no, no quiero ni uno más, ni siquiera en la cabeza de los otros. Cuando no se supera el rencor, lo que se busca no es justicia, sino venganza.

No hay nada que agradecer a Eta. Se rinde porque no le queda otro remedio, porque se sabe derrotada por la sociedad y por la extraordinaria labor que las fuerzas de seguridad del Estado han realizado bajo el mandato de los unos y de los otros. Pero algunas exigencias de esos que se niegan a alegrarse por el final de la violencia son tan inasumibles como las que plantean los propios terroristas. No se conforman con desfilar ante sus cadáveres, quieren que el tiro en la cabeza se lo peguen ellos mismos.

Es por las víctimas, alegan, para justificar su propia inmundicia moral. Desde luego, las víctimas merecen mi respeto, mi cariño, mi atención y mi gratitud. Pero no me representan en esta parte del camino. Todos podemos compartir el dolor de los padres de un niño violado, pero no les dejamos legislar sobre la pederastia; del mismo modo, no creo que el dolor de una víctima de Eta esté por encima de las esperanzas de un país de afrontar un futuro sin más víctimas.

La empatía, la capacidad de ponernos en el lugar del otro, la clemencia, es lo que nos diferencia de los terroristas. Este país ha cimentado grandes cambios sobre cadáveres, así que digo yo que seremos capaces también de hacerlo sobre su ausencia. Vamos, que ya solo queda lo más difícil.

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7 comentarios

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#7 Por Unico 27-10-2011 13:41

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Genial como siempre Olarte. Un gran artículo.


#6 Por Chairego 24-10-2011 20:58

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Mucho paranoico hay por ahí abajo. Ahora va a resultar que toda la política antiterrorista del estado depende del señor Olarte. Este periodista hace cada domingo en la última págimna un ejercicio genial e inteligente de periodismo. La pena es que este país lleva años soportando COPES, Interereconomías, La Razón y otras cositas que envenenenan al personal. Sobre todo a aquellos proclives a ser engañados. Ánimo Olarte, me encantan sus artículos. Mi enhorabuena.


#5 Por gaviotazul 24-10-2011 19:59

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Así que la inmundicia moral es de los que pretenden que se cumpla la ley, y no de una banda de asesinos,secuestradores y extorsionadores marxistas y racistas.La inmundicia es de quién intenta decirnos que como han dicho que nos perdonan la vida, hay que mirar para otro lado.
A los violadores, con quien usted los compara, cumplen sus penas y se les aplica la ley, a estos asesinos porqué no, porque son muchos, porque son vascos, o quizá porque son marxistas.


#4 Por EINCRIBLE 24-10-2011 19:51

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Don Miguel, no falla, en cada artículo suyo al que alguien le hace una crítica,sale un comentario "espontáneo" de respuesta defendiéndolo a capa y espada.
DISIMULE UN POCO QUE SE LE VE EL PLUMERO.
NO SE LES OCURRIRÁ ELIMINAR ESTE COMENTARIO COMO EN OTRAS OCASIONES.


#3 Por Alberte 24-10-2011 17:37

Destacado

"El señor Olarte tan clemente él con asesinos y secuestradores, pobrecitos hay que reinsertarlos". El autor de esa frase se descalifica sólo. Es increíble la de gente retorcida que hay y la mala fé que circula en algunos sectores de esta sociedad. En fin, mi apoyo total a Miguel Olarte. Faltaría más.


#2 Por jpuc 24-10-2011 16:45

Destacado

Después de 876 asesinados, ¿debe alegrarnos que con chuleria nos digan que dejan las armas?, pero que buenos son. Vamos a darles un trabajo, una casa y el nobel de la paz. Me alegraré el dia que de verdad eta no exista, mientras tanto nada ha cambiado. Las armas se cogen igual que se dejan.


#1 Por EINCRIBLE 24-10-2011 09:13

Discutible

El señor Olarte tan clemente él con asesinos y secuestradores, pobrecitos hay que reinsertarlos, pero para eso primero se tienen que entregar, no lo han hecho, entregar sus instrumentos de asesinato y tortura y el dinero robado, tampoco lo han hecho. Sólo han dicho que nos perdonan la vida si el estado español y el francés negocian con ellos.
Las víctimas no quieren venganza, piden que se cumpla la ley ( entrega de armas ,cumplir condenas y entrega de personas en busca y captura ), es usted el que quiere que se pervierta la ley para alcanzar lo que a usted le conviene.


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