LA CATEDRAL MUESTRA SUS JOYAS

Un tesoro al alcance de la vista


Etiquetas: patrimonio, religión, catedral, Lugo, exposición, joyas

04/12/2011 - Mar M. Louzao / El Progreso (Lugo)

No se sabe con certeza por qué Lugo tiene el privilegio de exponer continuamente el Santísimo Sacramento, pero está claro que el culto a la eucaristía forjó obras magníficas y dejó, además, su impronta en los símbolos de la ciudad -aparece en su blasón-y los del Antiguo Reino de Galicia -está presente en su escudo-. Ese es el hilo conductor de la exposición ‘Hoc Hic Mysterium... O esplendor da presenza’, que se inauguró ayer en la capilla del Pilar de la catedral y que pretende ser «unha viaxe por tendencias estéticas que se plasman en obras que pagan devotos, bispos e o pobo de Lugo», según indicó Carolina Casal, comisaria de la exposición junto con César Carnero.

La muestra incluye obras de valor incalculable por su elevado significado artístico, religioso e histórico. La expectación que se ha creado en torno a ella quedó patente en la inauguración, ya que cuando se abrieron las puertas muchos visitantes aguardaban ya con ansia.

El centro visual de la sala lo ocupa la custodia de Sáenz de Buruaga, que no se expone al público desde 1860, y que habitualmente luce en el baldaquino de la capilla mayor de la catedral. La donó en 1772 el obispo Juan Sáenz de Buruaga, que entonces era prelado en Zaragoza, aunque había sido obispo de Lugo entre 1762 y 1768. «Quería unha obra de primeira e fixo unha selección entre varias propostas, finalmente decantouse por Timoteo Vargas Machuca», explica Carolina Casal.

Elaborada en bronce y plata representa una imagen femenina que personifica la Fe sobre las herejías y que sostiene un cáliz y el sol, cuyo centro es un viril donde se guarda la forma consagrada. Esta última parte no es la original, que fue robada en 1854, y repuesta posteriormente gracias a la donación de los fieles y de Isabel II.

La pieza, además de una factura exquisita, contiene más de un millar de brillantes, más de 300 diamantes, 29 esmeraldas y más de mil topacios, a lo que hay que sumar las joyas que los fieles han ido añadiendo. Por esa razón se pueden ver sobre la pieza pendientes, broches o anillos, insertados donde el donante decidía, según se recoge en las actas capitulares de la catedral. «Por técnica e simbolismo, en Galicia non hai peza coma ela», indica la comisaria, que agradeció al obispo Alfonso Carrasco Rouco que propusiera su exposición.

Entre los objetos más reseñables se encuentra también una cruz reliquia -realizada en ébano, marfil y nácar- con crucifijo de Juan de Bolonia que procede de la parroquia de Santa María da Régoa, en Monforte. El Cristo se añadió posteriormente para sustitutir a la pieza que desapareció durante la Francesada y representa a Jesús desnudo. «No Renacemento quérese mostrar a carga humana de Cristo e preséntase sen os panos de pureza», explica Carolina Casal, que resalta el talento de Juan de Bolonia, escultor de la corte de los Médici, que desarrolló encargos para el cardenal Rodrigo de Castro.

Quizás la pieza más insólita, desconocida y misteriosa, por lo poco que se sabe de su origen, es un ara negra de obsidiana, una especie de vidrio volcánico, que podría ser un vínculo «entre as concepcións mítico-relixiosas do Novo Mundo e as de aquí», explica Carolina Casal. La obsidiana es un material utilizado por pueblos americanos prehispánicos, como los Incas o Mexicas, con un significado ligado a la vida después de la muerte. Además de esta que se expone, que fue enviada a Madrid en 1724 para que los lapidarios de la Corte certificaran su autenticidad, hay otra en el altar de A Nosa Señora, gracias a una permuta promovida por un tal licenciado Soto en 1669.

El catálogo de joyas no acaba ahí. Se expone también con peso propio el cáliz con sobrecopa donado por el obispo Martínez de Vaamonde, que aparece en banderas gallegas del siglo XV.

La exposición, patrocinada por la Diputación, incluye otras joyas, como un misal editado en Amberes en 1749, ropajes, viáticos y otros objetos litúrgicos. El conjunto deslumbra, y podrá verse durante tres meses, de 10 a 13 y de 16 a 19.30 salvo domingos por la tarde y lunes durante todo el día.

 

 
 

 
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