MIRA LUGO/Lunes

CCTV


Etiquetas: vídeovigilancia, Lugo, Mira Lugo, Grial Parga

18/08/2008 - Grial Parga

Hace unos meses recibí una llamada para participar en un debate sobre las cámaras de vigilancia urbanas en un programa de la Radio Galega.

No tardé mucho en rechazarlo porque: a) vivo en una ciudad no demasiado obsesionada con la seguridad videovigilada y consecuentemente, b) no me siento perseguido por sus cámaras y monitores. La diferencia entre las grandes urbes y las pequeñas era el anonimato que proporcionaban las primeras por pura estadística: un individuo pasa más desapercibido cuanto mayor sea su vecindario. Pero este siglo tecnificado demuestra que las cosas han cambiado.

La revista The Inquirer publicó el año pasado que Londres (la ciudad más obsesionada con el control de sus ciudadanos) tenía diez mil cámaras CCTV y 200 millones de libras invertidas (280 millones de euros) en seguridad monitorizada. Pese a esa instalación masiva y esa necesidad de observar continuamente a los viandantes, poco había cambiado en la resolución de crímenes y mucho en la sensación de libertad del país. Sobre todo ésas que, además, tienen un altavoz incorporado llamando la atención del infractor en caso de que sean pillados in fraganti. Y no, no son para reírse en programas de televisión sino funcionarios desde la sala de control.

Un lucense hoy en día tiene más preocupación por otros aspectos de la seguridad ciudadana que el exceso de videovigilancia. Aún asi, el Movemento polos Dereitos Civis presentó a principios de 2008 una queja ante el Valedor do Pobo, que fue aceptada, por la intención del Concello de instalar dispositivos en los parques lucenses. Es sólo cuestión de tiempo que los circuitos cerrados de televisión rodeen la muralla y filmen nuestra cotidianidad para quien le pueda interesar. Cuando eso pase yo estaré preparado.

El grupo cívico-cómico de Nueva York Surveillance Camera Players son los pioneros de una ola posmoderna que consiste en reírse del vigilante en su propia cara. Llevan desde 1996 haciendo lecturas de la novela de George Orwell 1984 delante de las cámaras, organizando tours por las rutas videovigiladas y difundiendo mapas marcando las zonas donde están colocadas. Éste fue el principio. En los últimos años se multiplicaron los grupos musicales que aprovechan tanta cámara y tanta grabación para hacerse sus propios videoclips y, de paso, enviar un mensaje de inutilidad a quien cree que la seguridad de una ciudad es cuestión de convertirla en un circuito cerrado de televisión.

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