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PATIO DE LUCES

No escupas hacia arriba


Etiquetas: personas, tradiciones, cambiando, tecnológicos, avances, redes sociales

Ramudo.

Algunos presentamos batalla. Ejercimos un escepticismo militante e intentamos resistirnos a los cantos de sirena de las redes sociales. Por desinterés, por desidia o por desconfianza, llegamos a atrincherarnos en nuestro analfabetismo digital y levantamos un muro de indiferencia con respecto a un fenómeno que ha ido cautivando a millones de personas en todo el mundo y a más de la mitad de los internautas de nuestro país. Son malos tiempos para la lírica y todavía peores para aquellos que somos poco permeables a cambios en la forma de relacionarnos con los demás.

Me resistí como gato panza arriba. El concepto de confraternidad virtual sigue siendo difuso para alguien que concibe la amistad desde el punto de vista clásico, como «afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato». Así lo define, textualmente, el diccionario de la Real Academia de la Lengua (RAG). Decía Mateo Alemán que «deben buscarse los amigos como los buenos libros. No está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos; sino pocos, buenos y bien conocidos». En todo caso, debo decir en su descargo que en el Siglo de Oro no había ni Facebook, ni Twitter, ni Tuenti. Ni siquiera un teléfono móvil con WhatsApp.

Hasta hace bien poco, presumía de mi castidad con respecto a las redes sociales. Defendía con vehemencia que las amistades hay que cultivarlas jugando una pachanga, cenando tranquilamente en casa o tomándose un vino, incluso dos, por los bares de la ciudad. Esos lugares «tan gratos para conversar», que diría Jaime Urrutia. Nunca delante de la pantalla de un ordenador. Sigo pensando lo mismo, pero menos. No se debe escupir hacia arriba.

Mañana se celebra la segunda sesión de un curso sobre periodismo y redes sociales que organiza la Asociación de la Prensa. Entre los inscritos hay un cenutrio que, después de la primera clase, ya mantiene lazos virtuales con una treintena de personas. Al final, si no nadas, te lleva la corriente.

Es curioso, también me había mostrado hostil ante la posibilidad de que el libro electrónico sustituyese al olor de la tinta y el papel, pero fui uno de los primeros en pasar por la Biblioteca Nodal para aprovechar el sistema de préstamo de eBooks que se puso en marcha hace sólo unos días. Además, me sorprendí a mí mismo esta semana declinando una oferta para tomar algo por el centro, porque tenía clase de pilates. Una lesión de espalda es mi excusa. No escupo ante la puerta de los gimnasios al pasar, como Sabina, pero hasta ahora siempre había encontrado buenas disculpas para no abusar de sus honorables servicios.

No me reconozco. Sólo me queda un consuelo. Me refiero de las posibilidades coactivas que ofrecen las redes sociales. Ahora puedo amenazar a mis amigos. O invitan a una caña, o los borro del Facebook.

O consenso para aprobar a ordenanza de uso do galego é un exemplo de «sensatez»

O acordo ao que chegaron os tres grupos municipais para aprobar unha ordenanza de uso do galego é un exemplo de «sensatez» e «cordura». As palabras non son miñas. Son do secretario xeral de Política Lingüística, Valentín García Gómez. Pensa que polo coidado do noso idioma deben apostar «tódalas forzas políticas». Suscribo, sen máis.

11/05/2012