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Luis García-Bobadilla Prósper, in memóriam


Etiquetas: Luis García-Bobadilla Prósper, obituario

Ramón Pernas.

Y cómo titulo esto. Ya sé que me vas a acusar que nunca contesté aquel texto que comentaba mi segundo o tercer libro, y que la cita en Campo Castillo nunca ha tenido lugar. Bien sé que de nada sirve hacer malabares con las palabras si todos los plazos vencen como las letras de cambio y en cambio hurtamos el impúdico pudor de los afectos que han crecido, querido Luis, con nosotros.

Te debo carta, como si ello fuera posible, cuando la luz ya es del todo transparente y lo supe por las malas noticias de los lunes, las que se clavan como una faca en el pecho y convocan toda la memoria, como un tsunami repentino que agolpa lejos de la playa, los recuerdos. Te has ido con el desván de los recuerdos adolecentes compartidos. Y me río, perdóname Luis el atrevimiento, rememorando la mañana de verano en la que tu escopeta de balines, se disparó desde mi brazo y te dejó para siempre una imborrable huella de plomo en tu pantorrilla, sellando de alguna manera, nuestra amistad juvenil y haciéndola perdurable.

No he querido que la indolencia, tan propia de mí, empañara aún más si cabe, este obituario de urgencia, a ti debido.

No borro de mi agenda los teléfonos, aunque las ausencias ya llenan varias cuartillas de la moleskine. Sois mis muertos más queridos, jirones que un viento helador va arrancando de mi corazón, eres un capítulo que no voy a cerrar nunca, de mi biografía, cuando el mundo era un mozalbete que crecía con nosotros.

La vida se fue haciendo noria del tiempo y el tiempo se fue dilatando, y así entre abrazo y abrazo fueron pasando los años y nos fue sorprendiendo la muerte, la propia y la ajena porque, mi querido Luis, cuando tú mueres, y perdona que tutee tu muerte, yo y quienes te hemos querido, morimos un poco contigo.

Mis afectos están llenos de cadáveres, mi generación, nuestra generación tiene un obituario colectivo que no podemos detener.

Prefiero volver a los veranos en mi casa de Viveiro, a los sanfroilanes en el Méndez, a la mesa de la familia, y a los sueños compartidos para cuando nos hiciéramos mayores.

Siempre me he considerado de vuestra familia, he querido a tu padre con el cariño de un sobrino que no he sido. Eras una de mis más íntimas referencias.

Te debo carta. Y esta no vale. Acaso ya nada tiene sentido en este lunes de mayo madrileño lleno de espanto y muerte, y digo esto porque al empezar a escribirte, añorado Luis, me llega la noticia del fallecimiento de mi amigo Guti, José Luis Gutiérrez, indómito periodista que escribió la crónica de la Transición. Pero yo continúo escribiendo la carta debida que subrayo con el abrazo final que concluye todas las epístolas que se escriben firmando con la huella borrosa de una lágrima. Lloro por ti. Por nosotros, aquellos alegres muchachos que soñamos como construir el universo. Lo hemos intentado. Descansa en Paz.

22/05/2012