Cumpliendo un viejo rito, el vino nuevo ha llegado a las tabernas y bodegones de la ciudad y con él, una nuevas subida de precio en esta época de crisis que nos toca vivir. Diez céntimos aumentó el chato situándose en los 70, es decir, un 16 por ciento más caro. Como la subida en el salario de cualquier trabajador.
El caso es que el vino nuevo ya circula por Lugo y los más golosos ya recorren tabernas como ‘A Carmiña’, ‘Buide’ ‘Chuco’ o ‘Xesús das Arieiras’. en el barrio de A Ponte; ‘Pajón’, en el de O Carme o ‘As Rodas’ en A Piringalla. Éstos son de los primeros en traer los sabrosos caldos a media fermentación, que para algunos suponen un veneno en el estómago y, para otros, una delicia para el paladar.
Con el vino nuevo las tabernas cobran vida y se convierten en verdaderas ágoras en las que se ejercita la democracia hablando de lo divino y lo humano.
No preocupa mucho en estos cenáculos quien será el presidente del imperio, si el negro o el blanco, si el demócrata o el republicano aunque nos vaya la crisis en ello, sino que hay otras cosas de apariencia fútil pero de importancia cuando en un bar se tratan como puede ser esa subidas de diez céntimos por cada ‘laró’ de tinto que nos tomemos.
Sin embargo el tema que viene ocupando más tertulias tabernarias, aparte claro está el del fútbol, es el de la discutida pretensión de la Xunta de considerar al vino como bebida alcohólica agresiva y no como un alimento que forma parte de la sociedad y de nuestra
cultura.
La verdad es que es una tesitura difícil de resolver porque el vino, quiérase o no, coloca, y desde los tiempos de Noé, de cuyos efectos etílicos ya da cuenta la Biblia, hasta nuestros días, tenemos numerosas referencias a lo largo de la historia y en todas las clases sociales sin distinción de las reacciones que provoca pero también del arte o del dinero que se ha generado a su alrededor.
Sin embargo hay que reconocer, y así está considerado, que el vino es un alimento, tomado claro está en pequeñas dosis. Sus virtudes vienen por los taninos y una serie de componentes, y no me refiero con ello al traidor sulfito que tantos dolores de cabeza produce, que ayudan a una mejor digestión y a facilitar nutrientes a nuestro organismo.
El caso es que el San Froilán ha traído un año más el vino nuevo a Lugo.
Una barbaridad tomarlo cuando está fermentando, según me recuerda mi amigo y bodeguero chantadino Moncho do Pío todos los años cuando compartimos pulpo y cachelos.
Es posible que tenga mucha razón, pero ¡cómo sabe!
04/10/2008