El filibusterismo es una artimaña parlamentaria destinada a obstruir la promulgación de leyes que, a priori, cuentan con la mayoría en el parlamento. La técnica consiste en hacer uso de la palabra durante horas siempre que el orador no se siente ni pare de hablar. Puede hacerlo de lo que sea: leer novelas, recetas de cocina o la biblia. Durante el discurso no se puede comer ni beber. De todos modos el manual del filibustero no lo recomienda: si abandona el estrado para ir al baño se acaba la historia. Es una norma un tanto estrafalaria y ya casi se mantiene por respeto a los principios parlamentarios, pero es útil y forma parte de las reglas del juego. Eso sí, tiene que practicarse en los sistemas parlamentarios en los que el orador no tiene un tiempo límite, y lo tiene que hacer alguien con la capacidad de permanecer de pie durante horas hablando.
En la película de Frank Capra Caballero sin espada (1939), James Stewart interpretaba a un senador inocente e inexperto que se topa con una política corrupta en Washington y utiliza el filibusterismo de una forma épica y emocionante. La idea de Caballero sin espada es que un individuo en democracia siempre dispone de las armas necesarias para defender sus ideas; sólo hay que conocerlas y tener la capacidad —física y oral, en este caso— de usarlas.
El alcalde de Lugo, pese a que está en el poder y eso siempre acarrea una desconfianza previa, practicó una suerte de filibusterismo local planteando una cuestión de confianza para desbloquear sus presupuestos. Es arriesgado pero es legal. No sólo eso; es el mecanismo perfecto para descolocar a un rival que, también legítimamente, usa sus propios bloqueos. No hay ejercicio más legalista y democrático que manejarse con el reglamento, sólo que no todos los días tus maniobras políticas pueden ser argumento para una película.
Los políticos (cuando lo sufren) y los ciudadanos (que esto ya es peor porque va con nosotros) suelen ver estas estrategias y estos juegos de poleas como ingeniería truculenta, como malas artes extradeportivas. Lo que los futbolistas argentinos menosprecian: ganar en los despachos lo que no se ganó en el campo. Pero en la política —en el fútbol también, pero me temo que este no es el sitio para plantearlo—, el proceso y sus normas sirven de control y de aprovechamiento mutuo. No es una pataleta o un capricho; es el reglamento. El mismo que pueden usar todos los concejales y al que nosotros debemos mirar sin recelo.
10/11/2008
Las reglas del filibusterismo vienen muy bien explicadas en la Wikipedia, ¿dónde, si no?