MIRA LUGO/Lunes
Hablemos de porno
30/11/2008 - Grial Parga
"La pornografía es un negocio boyante y omnipresente repartido en millones de hogares que juran que no la han visto en su vida". Así define el concepto el escritor y videoblogger Raúl Minchinela en la que posiblemente sea la explicación que más se aproxima a una de las representaciones culturales más populares y a la vez controvertidas de todos los tiempos. El porno es, desde el mismo día de su primera manifestación pública, la imagen más nítida y expresa del pecado que incomoda a derechas e izquierdas, a católicos y ateos, a conservadores y progres. El porno es, en defi nitiva, el demonio posmoderno; peor que la droga, el nazismo o la adoración a Satán. La diferencia está en que, pese a quien pese, es una práctica legal aunque muy mal vista.
A lo largo y ancho de la historia los argumentos para luchar contra el porno son diferentes pero el fin es parecido. En 1973, con Nixon en el poder y la pionera Garganta Profunda en la cartelera, las leyes norteamericanas se hicieron más restrictivas prohibiendo la exhibición y venta de obscenidades. Como no existían leyes que definieran qué era obsceno y qué no lo era, la propia policía decidía y cerraba salas o confiscaba revistas a su antojo. Cuarenta años más tarde, un partido de izquierdas -apoyado después por uno del otro extremo en la política municipal- considera "un auténtico escándalo" que entre las actividades de una empresa alojada en el CEI esté "unha guía de sexo en Internet que se adica á promoción da pornografía e a prostitución na cidade" (sic). Por si alguien duda del influjo malévolo del porno, la propia empresa aludida se defiende diciendo que también colaboran con ONGs. El bien y el mal tienen su representación terrenal perfectamente reconocibles.
En el excelente reportaje sobre la industria del porno recopilado en Hablemos de Langostas, David Foster Wallace dice textualmente: "Parece sólo cuestión de tiempo que otro político conservador vea en el porno de masas un escándalo lo bastante grande como basar sus ambiciones públicas sobre el mismo". Estas palabras escritas en 1999 son y serán contemporáneas los próximos 50 años por lo menos.
A DFW le da la razón el cúmulo de denuncias cruzadas, las acusaciones entre gobierno local y autonómico, y las declaraciones de que aquí huele a muerto pero yo no he sido.
Las denuncias no se hicieron ni en una comisaría de policía ni en un pleno municipal. El método empleado para desenmascarar el pecado fue "la rueda de prensa", el arma más eficaz en la política municipal para alertar contra el escándalo.
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