BARRA LIBRE

Gente de buena fe


Etiquetas: cajas, comisión parlamentaria, opinión, Barra libre, Miguel Olarte

23/06/2013 - Miguel Olarte

«NO FUI ENTONCES activo conocedor de lo que se está conociendo ahora». La frase por sí sola ya sería suficiente para enviar a prisión incondicional incomunicada a cualquiera, pero si además quien la pronuncia es José Luis Méndez, el todopoderoso jefe de Caixa Galicia, y pretende hacerla pasar por una explicación del desaguisado que montó con las preferentes, la cárcel se antoja un castigo liviano. Un hombre que durante tantos años tuvo a cuatro patas a media Galicia y que ha dado por ahí mismamente a miles de ahorradores, debería manejar con más pudor los conceptos activo/pasivo, en cualquiera de sus acepciones y contextos.

Ahora se quiere hacer pasar por secundario cómico, pero Méndez es actor principal de esa superproducción que se nos vendió como gran fusión de las cajas gallegas y que ha devenido en peli de terror de serie B. Su estrepitoso fracaso en taquilla está siendo analizado ahora en la comisión de investigación que ha montado el Parlamento autonómico, justo el sanedrín que reúne a los productores de esta barbaridad, los colaboradores necesarios que cobraban dietas a espuertas sentados en sus consejos de administración y sus fundaciones varias y recibían ventajosos créditos para sus campañas políticas que sabían que nunca iban a tener que devolver. Es como si los juicios de Nuremberg los hubiera presidido la cúpula de las SS y hubiera declarado a los judíos culpables del Holocausto, por dejarse matar.

Algo parecido puede pasar con esta comisión, a juzgar por las explicaciones ofrecidas por el aludido Méndez, su cómplice del sur Julio Fernández Gayoso y el sin parangón José Luis Pego. Este, en un ejercicio de abnegación y entrega al beneficio común que raya la santidad, detalló cómo le obligaron a embolsarse una indemnización de 18,7 millones de euros después de haber capitaneado la mayor quiebra que recuerda Galicia: «Yo no pido el contrato, estaba así, yo solo lo firmo», lloriqueaba el bendito mientras recordaba cómo los muy canallas de NCG le dijeron que «los contratos están para cumplirlos». Una estatua es lo que merece este hombre, una con cadalso.

Peor todavía fue lo que los gallegos les obligamos a hacer a Méndez y Gayoso. Ni siquiera tuvimos la decencia de agradecerles sus décadas de solidaridad financiera con una indemnización digna. Nada, los despachamos con unos tristes planes de pensiones, así que Gayoso tendrá que pasar su vejez con una mísera pensión de 689.000 euros anuales más complementos, mientras que el coruñés se las ve mal para llegar a fin de mes con su pensioncilla de 16,5 millones. Bueno, esto es lo que se le calcula, porque ante el Parlamento se negó a dar la cifra real porque hay apartados de su contrato que le obligan a la confidencialidad. Contrato que, solo por recordar, firma con una entidad intervenida hasta el tuétano a la que le hemos metido 9.000 millones de euros públicos. Otra cosa no será, pero discreto...

Bueno, ¿y qué hay de lo nuestro? ¿Quién es el responsable de la fusión más ruinosa de la que hay noticias y de la gran estafa legalizada que ha sido la venta de preferentes y subordinadas? Pues ellos, ni idea: la culpa fue de que unos no querían; de que otros sí; de que cuando no obligaba la Xunta, obligaba el Banco de España; de que cambiaron la normativa; de que aquella primavera fue muy lluviosa; de que los empleados de las oficinas fueron unos sinvergüenzas que comercializaron por su cuenta basura a precio de oro; de que los compradores eran un pozo de avaricia... «Lo hicimos todo con absoluta buena fe», concordaron los tres, antes de regresar al valle de lágrimas en que los demás hemos convertido sus vidas.

Creo que lo mejor que puede pasar con la comisión de investigación parlamentaria es que se cierre de inmediato, por vergüenza torera. De los investigadores y los investigados no podemos esperar otra cosa que una desfachatez insultante que consiga cabrear aún más hasta a los que pensábamos que ya teníamos encallecida nuestra capacidad de indignación. Total, la conclusión ya la conocemos de antemano: culpables fuimos todos, menos ellos.

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La comisión la monta el Parlamento, el sanedrín que reúne a los colaboradores necesarios»

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Chorizos. (Foto: Pepe Ferrín)
Chorizos. (Foto: Pepe Ferrín)