Al periodista José Alonso Sánchez, un buen amigo


Etiquetas: obituario, José Alonso Sánchez

24/03/2009 - Alba Mesa

Últimamente el tema de la muerte se ha presentado en mi vida de una forma descarada e insolente. Me ha puesto muy humilde y me ha hecho cerciorar que mi inteligencia no es capaz de entender cómo una persona en un momento dado deja de existir. Me pregunto cómo hay que prepararse para su llegada, ¿pensando en ella a diario?, ¿concienciándonos de que todas las personas que queremos van a desaparecer tarde o temprano?, ¿mentalizándonos de que toda vida es sólo un paseo efímero por este mundo? Hasta ahora intenté elevarme dos metros sobre la tierra cada vez que la muerte rodeaba a mi gente, viviendo de lejos, al margen, disfrutando de la incredulidad. Hoy ya no sé qué hacer.

Hace una semana, a uno de mis mejores amigos le llegó la noticia de que su padre, sano, con mucha vida por delante, fue por su propio pie al médico porque se sentía un poco revuelto, directamente lo ingresaron, y a las horas cayó en un coma del que no pudo salir. Y así, de un día para otro, sen ningún motivo aparente, una persona es extirpada de esta vida, agasajando a familiares y amigos con un verdadero golpe maestro.

Cuando escribo estas líneas, en el Día del Padre, aprieto los ojos y concentro todas mis energías en que yo no tenga que correr esa desgracia, y pienso en José Alonso, otra víctima —sí, no siento algo cordial hacia la muerte— de la bestia que arranca de cuajo las raíces, sen piedad y sen argumentos. Tengo su risa metida en la cabeza, toda su vitalidad, su fuerza, sus ganas, y todas sus palabras y apoyo hacia mí. Y no lo entiendo. No entiendo nada. Mi cabeza vuelve a jugarme una mala pasada y no me permite creer la realidad de los hechos.

Y respiro, desearía enviarle mi suspiro de alivio y lo más profundo que pueda salir de una palabra como es "gracias". Quizá algún día descienda los dos metros sobre la tierra en los que me he anclado, quizá algún día crea que no volverás a presentar mi saeta en tu querido San Martiño de Mondoñedo, quizá algún día sabré con certeza que te has ido de verdad.

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