Giro profesional

Una apuesta por la riqueza del área rural


Etiquetas: rural, Jorge Losada, Mondoñedo, Sara Varela, Rubén Abal, David Castro, castaña, O Courel, Domingo Rodríguez, Xosé Otero, producción ecológica, Begonte, José Miguel Martínez, Paradela, Ana Isabel Fernández, Becerreá, destilería, albergue

03/11/2013 - El Progreso (Lugo)

En los últimos años, en Lugo han surgido negocios ligados a la zona rural, sobre todo al sector agroalimentario, liderados por personas ajenas a ese mundo, pero que han dado un giro profesional a sus vidas para aprovechar la riqueza que ofrece. Aunque la crisis está detrás de alguno de esos cambios de rumbo, al nacer algunas iniciativas tras quedarse sus promotores sin trabajo, en muchos casos los proyectos surgieron por el deseo de estos emprendedores de mejorar su calidad de vida o por su interés en explorar otras vías de negocio. Estas son algunas de esas experiencias.

JORGE LOSADA, emprendedor en Mondoñedo:
«La huerta tiene que ganar dimensión para llegar a los mercados»
Jorge Losada es un empresario mindoniense vinculado al sector del transporte que decidió apostar por la huerta. Creó Mindoniense de Infraestructuras para dedicarse a la venta en fresco de verduras y hortalizas. Comercializó este año sus primeras remesas de tomate, lechuga y repollo. La mayor parte salió de los terrenos de la firma en Masma, pero la gran ambición de Jorge Losada es darle a medio plazo a la empresa «dimensión para llegar a los mercados centrales, que se abastecen del sur. Allí la huerta de Galicia, que importa productos hortofrutícolas, no existe». «Tenemos calidad, pero falta producción para garantizar el suministro a la gran distribución, que exige volumen y continuidad», subraya.

Prevé aumentar las hectáreas de cultivo y generar sinergías con otros productores. «Muchos pequeños podemos hacer algo grande a través de una distribuidora. Una hectárea de cultivo puede dar autoempleo a dos personas», comenta. La tendencia del mercado es «reducir el tiempo entre corte y venta para ganar calidad y nosotros la tenemos», dice.

SARA VARELA, RUBÉN ABAL Y DAVID CASTRO aprovechan la castaña en O Courel:
«Os tres sempre tivemos claro que o noso futuro estaba no monte»
Sara Varela, Rubén Abal y David Castro están entre ese grupo de jóvenes que algunos pueden considerar valientes y otros temerarios. Son ingenieros, de montes o agrónomos, se mueven en edades de los 27 a los 30 años y son de lugares tan dispares como As Pontes (A Coruña), Agolada (Pontevedra) o Lantaño (Pontevedra). Desde hace un par de meses su casa son los bosques de castaños de O Courel y Chantada.

Tenían claro que su futuro «estaba no monte» y que querían poner en marcha una empresa que estuviese vinculada a sus estudios de ingeniería y les permitiese hacer una explotación del monte «respectando os recursos, poñendo en valor as terras abandonadas e promover un souto activo», explica Sara Varela. Alquilaron bosques en Vilar y Seceda (O Courel) y Chantada para aprovechar su producción de castañas. La idea para este año es vender la castaña en verde y tras esta campaña valorar nuevas líneas de negocio. Todavía están al inicio de su proyecto, pero su reto es vivir del aprovechamiento sostenible de los bosques.

DOMINGO RODRÍGUEZ y XOSÉ OTERO, productores ecológicos en Begonte:
«El campo es el gran olvidado y tiene posibilidades»
Domingo Rodríguez, delegado comercial, y Xosé Otero, canteiro, apostaron por invertir en la zona rural hace cinco meses, a través de la firma A Cortiña Nova, dedicada a los productos ecológicos de la huerta en Carral (Begonte). «Conocíamos gente en común que nos puso en contacto. Yo tenía unas fincas de más de una hectárea de mi familia en desuso y Xosé, el proyecto en mente», dice Domingo. Él compagina su trabajo de comercial con la empresa y Xosé, que con la crisis vio como su trabajo, ligado a la construcción, perdía fuerza, se dedica a tiempo completo a la labor en el invernadero y en las huertas exteriores.

«Por un lado tenemos el producto fresco de la huerta -con pimientos, berenjenas, calabacines, judías, patatas y el tomate de Santiago como referente- y por otro están las mesas de multiplicación, donde cultivamos plantas de huerta, ornamentales, aromáticas y medicinales», explican. Se encargan de todo el proceso, desde plantar hasta la distribución.

JOSÉ MIGUEL MARTÍNEZ, gerente de un albergue en Paradela:
«Renuncias a muchas comodidades, pero ganas calidad de vida»
Si los anteriores proyectos están en fase de despegue, el de José Miguel Martínez Oses ya está consolidado. Se mudó desde Valencia hace nueve años a Mercadoiro (Paradela), un núcleo que estaba deshabitado desde hacía cuatro décadas. Pasó de trabajar como informático a hacerlo como hostelero. Cree que en la actualidad, con la crisis, trasladarse al rural es una «oportunidad, tanto laboral como personal». «Si no tienes un negocio puedes ser autosuficiente. Los recursos que tienen aquí los maximizas mucho más», dice.

Antes de llegar a Paradela vivió en grandes ciudades, como Madrid, Barcelona, Londres, Edimburgo y Valencia. «Era un culo inquieto», comenta entre risas. En Valencia trabajaba como técnico de redes informáticas en una empresa de fibra óptica. Tenía 29 años y un empleo fijo, aunque decidió cambiarlo por el mundo rural por su «calidad de vida».

ANA ISABEL FERNÁNDEZ, que abrió una destilería en Becerreá:
«Estábamos hartos de la vida en una gran ciudad y Lugo nos encantó»
La motivación de Ana Isabel Fernández Pacheco para cambiar de rumbo profesional y abrir una destilería de aguardiente y licores en Becerreá fue también «ganar en calidad de vida». Según explica, ella, y su pareja, Valentín Álvarez, se cansaron de la «vorágine» de la vida urbana y dejaron Barcelona para instalarse en Becerreá, de donde él es natural. «Nos decidimos cuando recorrimos el Camino, estábamos hartos de la vida en una gran ciudad y me encantó la provincia de Lugo». Eso supuso dejar sus anteriores profesiones -ella trabajaba en el campo de la topografía y él, en el de la informática- y adentrarse en un sector que solo conocían como aficionados. «Empecé a instruirme en Barcelona, antes de mudarnos, y vine a hacer varios cursos de catas de aguardiente a Galicia», dice Ana Isabel Fernández Pacheco.

Los inicios fueron difíciles por los engorrosos trámites, que dejaron huella en el nombre de la empresa, Tiempo y Paciencia. «Nos marearon mucho con la burocracia y el nombre se me ocurrió en un día de cabreo. Después pensamos que se ajustaba a cómo hacemos nuestros licores, de forma artesanal», admite entre risas

 

 
 

 
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