MIRA LUGO / Lunes
El diputado
13/04/2009 - Grial Parga
Lugo vive estos días con la sensación de que le acaba de tocar un tercer premio. El nombramiento de José Blanco como ministro de Fomento suena la intervención divina in extremis: uno de los diputados que mandamos a Madrid es ahora el máximo responsable de las infraestructuras que dependen del Gobierno... en plena crisis. En el Manual Básico de Política para No Iniciados, la ecuación sólo puede dar un resultado. El pueblo esta vez no va a perdonar. Si no se cumplen los sueños —ya no sirven las promesas— el diputado lo va a pagar caro. Este columnista se pregunta si ahora ganamos un superdiputado o perdimos uno raso.
El sistema representativo era un poco más complejo que todo esto pero, sobre el papel, más equilibrado. La idea era que los diputados que elegía cada provincia fuesen a Madrid a interceder por los habitantes a quienes representaban. En función de sus logros, de las promesas cumplidas y de su trabajo, cada cuatro años el ciudadano renueva esa representación o la castiga. Como las listas son cerradas y no se puede discriminar, el premio o el castigo sólo se pueden hacer en bloque, así que la exigencia se ampliaba no sólo a los diputados expresamente enviados sino a las más altas instancias de todo el proceso: al mismísimo Gobierno.
En algún punto que no está todavía claro, toda esta estructura representativa pierde su función primaria. El diputado rara vez pregunta por cómo va lo de su provincia para no incomodar ni tampoco ejerce ese enlace con Madrid que va con el cargo. Más preocupado por la imagen global del modelo político al que pertenece, se ofrece a votar en bloque lo que el líder decide, y sólo hace acto de presencia como diputado en su circunscripción para recordar a los ciudadanos que él era el que estaba en el escaño diciendo sí o no a todo
aquello… y básicamente para que le renueven cuatro años más.
Blanco era uno de nuestros hombres en Madrid y, aunque tenía también un cargo de responsabilidad en la directiva de la organización, su compromiso con la provincia era el de representarnos en las Cortes. A quien debía explicar lo que hacía allí era a nosotros. Él y otros tres diputados más que tenemos.
Ahora es ministro del Gobierno. Según el manual de instrucciones del sistema, ya no tendría que pensar tanto en Lugo como diputado que es por esta provincia si no en lo que mejor le conviene al conjunto del Estado.
Este columnista opina que si ya no se usó el manual en todo este tiempo, no vamos a ponernos puntillosos precisamente ahora. Era al revés, pero dejémoslo estar.







