El Progreso

Galiciae

HABITACIÓN AL VIENTO

Mazapanes y belenes


Etiquetas: Navidad, Juan Soto, Habitación al viento, Río Barja, obispo, conejo

Juan Soto.


DOMINGO
El ingenio español, que otros llaman musa popular, destapa estos días el tarro de las esencias a cuenta de las propinas y el conejo de Solbes, que parecía tan serio. Los conejos recomendados en la dieta ministerial son de granja, más baratos que los de monte pero también menos sabrosos. Cualquiera de ellos, estofados o en salsa, dan un plato bien apetitoso. En el Viaje por los montes y chimeneas de Galicia, libro hermoso donde los halla, Cunqueiro y Castroviejo le dan un poco de lado, en beneficio de la exquisita liebre, más aristocrática. Tampoco le concede papel de príncipe don Froilán de Troche y Zúñiga, en su clasicísimo El cazador gallego con escopeta y perro, libro de obligada lectura para todo practicante del arte venatorio. Don Froilán vivía en Betanzos y visitaba Lugo con bastante frecuencia. Estamos hablando del sigo XIX, naturalmente, cuando cubrir esa distancia suponía cuatro horas de cabalgadura.

MARTES
Dos distinciones que me alegran, entre otras razones porque revelan que todavía no se ha perdido del todo el sentido de la ecuanimidad y la justicia.  La una es el premio con que los fotógrafos españoles han reconocido la labor de su colega Carlos Valcárcel, a quien yo tengo como uno de los primeros, sino el primero, entre todos los integrantes de una escuela fotográfica extraordinaria: la formada alrededor de la antigua Agrupación Fotográfica Lucense. Los más veteranos lectores de este periódico tuvieron abundantes pruebas de la calidad y originalidad de aquel grupo, que en estas páginas mantuvo, durante años, la sección de La foto de la semana.

Y la otra: el título de Hijo Adoptivo de la Ciudad de Lugo que recibió ayer el obispo fray José. Fue un acuerdo unánime de los tres grupos que constituyen la corporación municipal, lo cual demuestra que también es unánime el afecto y el respeto de los que se hizo acreedor 
el prelado lucense en estos casi treinta años de convivencia entre nosotros.

Yo creo que desde que Novoa Fuentes fuera nombrado obispo auxiliar de Santiago, es decir, hace medio siglo, ningún otro clérigo había sido distinguido con este galardón. Mucho antes que a Novoa Fuentes, el Ayuntamiento se lo había cotorgado a Lago González, cuando había dejado la lectoralía de la catedral lucense para ser consagrado obispo de Burgo de Osma. Lago era de Tui. En Lugo fue secretario de cámara del obispo Murúa. Claro que para muchos, y más en estas fechas, Lago González es, sobre cualquier otra consideración y por encima de todo mérito, el autor de uno de los villancicos más tiernos y conocidos de Galicia. Una tarde de Nochebuena, el bondadoso don Pedro López Rubín lo cantó para nosotros, sentado al viejo armonio de su casa de la calle del Progreso, paredaña con la del periódico: Neno de cabelos de ouro, / meu amor e meu tesouro, / doce ben. / Tanto como a ti che quero / non lle quixen nin espero / quererlle nunca a ninguén.

Un recuerdo imperecedero.

MIÉRCOLES
El día 28 será inaugurada la remodelación de los jardines de Noriega Varela, en Viveiro. Para mi gusto, no se ha ganado gran cosa con el cambio: menos verde y más baldosa. En una cosa sí se ha mejorado: el antiguo y no muy estético monolito dedicado al poeta ha sido sutituido por otro más artístico, obra de Mario Valles. 

JUEVES
Esta tarde, Francisco Río Barja recibirá en Lugo el Premio Otero Pedrayo, de las diputaciones gallegas. Nadie más idóneo que Río Barja para un galardón instituido en memoria del gran polígrafo de Trasalba. El profesor Río Barja fue primero discípulo, luego compañero y siempre amigo de don Ramón, en cuya cátedra universitaria de Geografía e Historia trabajó como profesor adjunto. El premio debía habérsele concedido años atrás, si los sucesivos jurados del Otero Pedrayo hubiesen sido más consecuentes y menos permeables a la coyuntura política. Pero, en fin, dejemos eso ahora.       

VIERNES
Cuando el lector lea estas líneas, si alguien las lee, serán las horas previas a la Navidad. Es una fiesta que, poco a poco, ha ido perdiendo su verdadero sentido cristiano (decir cristiano es decir solidario, no se olvide), hasta convertirse en un evento consumista. Parece increíble que un acontecimiento que tiene su origen y adquiere su significado en una familia humilde, casi indigente, perseguida por el poder, rechazada en todas las puertas y por todas las gentes, haya desembocado en esta insultante ostentación mercantil.

El carácter laicista que ahora parece caracterizar la Navidad se advierte incluso en el escaparatismo y en la iluminación de las calles. Da la impresión de que se evita cualquier alusión religiosa. Pero en la provincia de Lugo quedan todavía huellas de una tradición que no se borra de un plumazo ni en nombre de lo políticamente correcto. Este año, en la capilla de la Soledad, al cuidado de la Orden Tercera, han vuelto a instalar un belén. Y sigue, cada vez más visitado, el de Begonte. No obstante, el nacimiento más artístico de todos los que se pueden ver en tierras lucenses es el de las clarisas de Monforte: napolitano, procede de los años de virreinato de don Pedro Fernández de Castro, el gran Conde de Lemos.

En una glosa de las aportaciones de esta provincia nuestra a la Navidad habría que incluir inexcusablemente, cómo no, una mención a los villancicos del maestro Pacheco, custodiados en los archivos mindonienses (y muchos todavía en el repertorio coral), y otra a las dominicas del convento viveirense de Valdeflores, que también son turroneras, con demanda en toda España. Estas cosas, quizá por tenerlas delante de las narices, a veces se nos olvidan.

23/12/2007