LA REPORTAJE

Maruja Mallo, a la vanguardia de todas


Etiquetas: gente, arte, pintura, Viveiro, efemérides, reportaje, Maruja Mallo

06/02/2010 - Sabela Corbelle / El Progreso (Lugo)

El farmacéutico madrileño Antonio Gómez Conde tenía sólo cinco años en 1965, cuando conoció a la tía Maruja, recién llegada del exilio. "Vino a cenar a mi casa y me sorprendió su aspecto. Me llamó la atención su cara maquillada, sus zapatos rojos con alza y lo pequeñita que parecía al lado de mis padres. Hablaba mucho y era muy alegre", recuerda ahora con el paso de los años.

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La tía Maruja era Ana María Manuela Isabel Josefa Gómez y González, la pintora vivariense Maruja Mallo, a la que Salvador Dalí llamaba "mitad ángel, mitad marisco" y que en su época fue considerada "la transgresora de la generación del 27". Una mujer que fue avanzadilla del movimiento feminista y que, entre otras cosas, obvió los convencionalismos de la época al negarse a llevar sombrero, introducirse en tertulias para intelectuales (exclusivas del sexo masculino), defender la práctica de varios deportes (andaba en bicicleta por Madrid, con la que incluso entró en una iglesia en Arévalo), participar en un concurso de blasfemias o apostar por la independencia económica y la emancipación laboral femenina.

Una mujer que no sólo estuvo a las vanguardias del arte, sino también de las ideas, que gustaba de debatir. "Podías hablar con ella de cualquier cosa, que siempre estaba al día. Tenía las ideas muy claras, pero nunca imponía nada. Detestaba el fanatismo y la ignorancia y creía que el conocimiento era la base de la civilización. Estaba libre de prejuicios", cuenta Antonio Gómez.

La personalidad de Maruja Mallo fascinó a muchos intelectuales de la Generación del 27, en un Madrid que cabalgaba entre la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República. La pintora vivariense se adentró en las tertulias intelectuales masculinas junto a la filósofa María Zambrano y las escritoras Rosa Chacel, María Teresa León y Concha Méndez, amiga íntima de la artista vivariense y pareja del cineasta Luis Buñuel.

Cuenta Concha en sus memorias que era con Maruja con quien más se reunía para ir al Museo del Prado, a las conferencias de Eugenio d´Ors y a las verbenas. "Estaba prohibido que las mujeres entraran en las tabernas y nosotras, para protestar, nos pegábamos a los ventanales a mirar lo que pasaba dentro", escribe.

Hija de un despachante de aduanas, Justo Gómez Mallo, y de María del Pilar González, Maruja tiene también raíces en Sober, de donde era su abuelo materno y en donde aún se conserva la casa familiar. La artista nació y se bautizó en Viveiro, como su hermano Justo, pero no regresó nunca más a la localidad mariñana tras establecerse su familia en Madrid, en 1922. Años más tarde, en 1926, la Diputación de Lugo le concedió una beca, a lo que ella respondió con una témpera sobre cartón, ‘Guía postal de Lugo’, en 1929. El vínculo con Galicia lo mantendría en Corcubión, de la mano de su tío Ramiro, con el que vivió varios años. Y también a través de la gastronomía, dado que su cuñada, la mujer de Emilio, era gallega.

"Venía a cenar a nuestra casa.La sobremesa se alargaba hasta la una o las dos de la madrugada. Luego, mi padre le buscaba un taxi y la veíamos alejarse en la noche de Madrid. Maruja no cocinaba. Pero le encantaba la comida gallega, que hacía mi madre", afirma su sobrino Antonio.

Maruja regresó del exilio en 1965, instalándose en el barrio de Salamanca para estar cerca de su familia. Eran catorce hermanos y ocho de ellos, solteros, compartían un piso enorme en la calle Velázquez, 102. Ella los visitaba una o dos veces por semana. Iba a pasar la tarde o a cenar, para luego salir con sus amigos.

La pintora se reunía con sus hermanos y sobrinos los domingos a ver películas de cine cómico. Sus favoritos eran Charlot y Buster Keaton. "Justo, uno de mis tíos, alquilaba películas y las veíamos en el comedor, en la salita o en su cuarto, según el número de espectadores. Tenía un proyector Eumig y nos enseñaba a cortar y pegar las cintas. Nos traía los clásicos del cine mudo: Buster Keaton, Stan Laurel y Oliver Hardy, Chaplin, documentales sobre los viajes espaciales… y, en atención a los más pequeños, dibujos animados de Tom y Jerry o de Disney", recuerdada Antonio Gómez.

La tarde dominical se enriquecía con las aventuras de los viajes de Maruja Mallo, que ella relataba a los sobrinos. Contaba, preguntaba, dibujaba... sin prisa y siempre con mucha alegría.

"Hablaba de arte con Cristino, que fumaba al fondo del comedor en su butaca; de filosofía o literatura, con María Luisa; de música, con Emilia, que le dio la idea de usar el nombre artístico de Maruja Mallo, y con Manuela, que había sido soprano y tocaba el piano", recuerda su sobrino. 

Escuchar discos y traducir artículos de revistas inglesas o alemanas eran otros entretenimientos de la pintora, que incluso seguía con pasión una serie sobre Leonardo da Vinci emitida en La 2.

Maruja Mallo vivía en la calle Núñez de Balboa, 105. Mantenía su independencia y sus horarios imposibles sin alterar la armonía familiar. Porque ella vivía a su ritmo. Dormía cuando lo necesitaba y trabajaba sin descanso cuando tenía una idea.

La pintora vivariense se descubre también, a través de su familia, como una mujer muy preocupada por su salud: "Siempre se llevaba alguna caja de vitaminas, diciendo que en América los envases eran mucho mayores y que allí la gente las tomaba a puñados", asegura su sobrino.

Aunque le encantaba el chocolate, según manifestó el artista Vázquez Cereijo, también defendía la dieta vegetariana. "Comía eligiendo muy bien los alimentos, equilibrando sus nutrientes y atendiendo a la conservación de las vitaminas y oligoelementos. Iba a restaurantes vegetarianos y le gustaban el tofu y las algas", cuenta Antonio Gómez.

Maruja Mallo era, además, una férrea defensora de la naturaleza y del equilibrio entre el hombre y su entorno. "Le gustaba integrar los materiales de origen natural, como cuerdas o paja, en algunas de sus obras", señala Antonio Gómez, quien también reseña su interés por las naves espaciales y los ordenadores.

Junto con los avances de la ciencia, siempre sintió fascinación por la química y las leyes de la naturaleza. "A ella le encantaba la gente joven y, en ocasiones, llevaba a compañeros de la facultad a ver alguna exposición con ella. Entonces se colgaba del brazo del que tenía más cerca y comenzaba a contarnos sus aventuras", afirma su sobrino, que se convirtió, con el paso del tiempo, en ‘el chico de los recados’ que recogía sus encargos en Macarrón, una tienda de arte.

En 1982, Maruja Mallo recibe la Medalla de Oro a las Bellas Artes. Dos años más tarde, fue hospitalizada por diabetes. Cuando mejoró, ingresó en una residencia de ancianos. La pintora se mantuvo activa casi hasta el final. Pese a estar encamada, su mente no descansaba. Su sobrino recuerda: "No podía pintar y eso la desesperaba, pero seguía las noticias en un pequeño televisor que le llevamos a su habitación. También recibía muchas postales de amigos, que colgábamos en la pared".

Musa de la Generación del 27

  • Buñuel. Ambos vivían en la Residencia de Estudiantes, en Madrid.
  • Lorca. Maruja Mallo pertenecía a la Cofradía de la Perdiz, un grupo que se reunía los sábados a comer. Celebraban también las fiestas líricas o saturnales. Lorca ejercía de maestro de ceremonias, tocaba el piano y leía poemas.
  • Dalí. Compartió estudios con él en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en cuyo patio jugaban a dar vueltas.
  • Ortega y Gasset. El filósofo cedió, por primera y única vez a una mujer, los salones de la Revista de Occidente para que expusiera la lucense.
  • Pablo Neruda. Junto a él recorría las tiendas de cordeles y esparto en Madrid, donde curioseaban en busca de materiales para su obra. Ella lo visitó, años después, en Chile.
  • Rafael Alberti. Tuvo una intensa historia de amor con el poeta, hasta que se interpuso María Teresa León. Iban juntos al Museo del Prado, a las verbenas y al cine. Pasaban veranos en Cercedilla y paseaban por el Puente de Vallecas. Alberti dijo: "La verdad es que nos quisimos mucho. Parte del drama de ‘Sobre los ángeles’ es ella".
  • Miguel Hernández. Según Cela, ambos "tenían amores e iban a meterse mano debajo del puente". El poeta fue detenido el 6 de enero de 1936, cuando paseaba con Maruja Mallo en San Fernando del Jarama.
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Placa que recuerda su lugar de nacimiento (Foto: EPL)
Placa que recuerda su lugar de nacimiento (Foto: EPL)
La artista, con Rafael Alberti
La artista, con Rafael Alberti
Maruja Mallo, en bicicleta
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Antonio Gómez Conde
Antonio Gómez Conde
Con el Rey, tras recibir la Medalla de Oro de Bellas Artes
Con el Rey, tras recibir la Medalla de Oro de Bellas Artes
Maruja Mallo, en su casa (Fotos: Antonio Gómez + Fundación Caixa Galicia)
Maruja Mallo, en su casa (Fotos: Antonio Gómez + Fundación Caixa Galicia)