BARRA LIBRE

Nosotros, ellos, todos


Etiquetas: Miguel Olarte, Barra libre

07/03/2010 - Miguel Olarte

TUVE UN PROFESOR en el primer curso de la facultad al que no soy capaz de ponerle cara ni nombre. De él sólo recuerdo una frase: «Con el periodismo os vais a morir de hambre. La única manera de ganar dinero con esto es especializándose en información económica o taurina». Como es evidente, no le hice ni puñetero caso —¡hasta ahí podíamos llegar, seguir los consejos de un profesor!—, y así me ha ido, aunque eso es otra historia. A lo que iba es a que la prosa floreada del periodismo taurino siempre me pareció tan insufrible como la propia fiesta nacional de la nación de Esperanza Aguirre; sin embargo, sí que me quedó una cierta frustración por mi incapacidad para aprehender en todos sus matices el lenguaje encriptado del periodismo económico.


Pero, afortunadamente para mí, llegó la crisis financiera. Mi adición a la información me ha guiado en el último año y medio por las secciones de economía de todos los diarios y todas cuantas webs especializadas he encontrado. Y después de este tiempo, no es que pueda decir que al fin tengo una idea exacta de lo que hablan estos sesudos expertos en la cosa, pero al menos he curado mi frustración: ellos, tampoco.


Los mismos datos emanados de cualquiera de esos eficientes organismos y analistas que con tanto acierto nos avisaron de lo que venía sirven ahora a unos para jurar por sus santas madres que ya asomamos cabeza, y otros para asegurar que todavía vamos de culo. Y eso que, ya se habrán fijado, el panorama se ha llenado de golpe y porrazo de economistas que afirman que ellos sí predijeron la crisis. Buscando, buscando encontré a un tal Edgar Cayce, toda una referencia: no sólo pronosticó años antes y con total precisión la crisis de 1929, sino que acertó incluso en el año en que se saldría de ella, mucho antes de que Roosevelt presentará su New Deal, en 1933. Al parecer, era tan bueno el tal Cayce que hasta predijo la segunda gran guerra y el asesinato de Kennedy. Nunca recibió el Nobel de economía, ya que no tenía estudios, pero un buen puñado de iluminados lo recuerdan como el mejor profeta del siglo XX, a la altura de Nostradamus. Y eso es todo lo que pude encontrar al respecto.


La razón es bien simple, y la dio hace poco Xavier Sala i Martín, otro tipo con pintas de iluminado aunque con la cabeza muy bien amueblada y, esta vez sí, economista: los economistas, vino a decir, no son futurólogos, sino diagnosticadores que se deben centrar en analizar las causas de una situación y aportar las mejores recetas para salir de ella.
Y el diagnóstico para esta crisis es simple: avaricia. Y no sólo la ya conocida de banqueros, políticos, constructores y demás ralea. También nuestra propia avaricia, la de una sociedad en la que cualquier pelagatos perseguía su pedacito del pastel  metido a broker o a especulador inmobiliario.


Ahora necesitamos un enemigo común, alguien a quien señalar con el dedo, pero eso no va a sacarnos del atolladero. Ni tampoco los banqueros, ni los especuladores, ni los economistas, ni los políticos ineptos e irresponsables que nos dirigen o que aspiran a hacerlo. Ni usted ni yo, que  sólo pasábamos por aquí y nos vemos en ésta sin comérnoslo ni bebérnoslo.


Pero sí hay una forma de solucionarlo, la misma que le ha servido a este país para salir de situaciones más complicadas: ponernos a tirar todos en la misma dirección. Es el mensaje que quiere lanzar una campaña puesta en marcha hace poco: ‘Esto sólo arreglamos entre todos’. Es simplista, por lo evidente, pero necesaria. Ya sabemos que estamos jodidos, pero no hace falta que nos lo restrieguen por la cara cada cinco minutos. Ya sabemos que hay muchas cosas que van mal, pero también hay muchas que van bien. Ya sabemos que hay mucho indeseable, pero también miles de empresarios y trabajadores dispuestos a sudar la gota gorda.


Algunos, los de siempre, cargan ahora contra esta campaña con el elaboradísimo argumento de que varios de los 56.796 ciudadanos españoles que ayer nos habíamos sumado a la iniciativa son sospechosos de estar politizados. Allá ellos. Lo que Cayce no pudo predecir es que cuando Roosevelt presentó su New Deal, que sacó a EE.UU. de la depresión, lo haría con estas palabras: «Sólo debemos tener miedo al miedo». Es una forma de decir que no hay dinero ni votos suficientes en el mundo para obligarnos a renunciar al único derecho que nos queda: la esperanza. No es por ellos, es por nosotros.

 

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1 comentario

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#1 Por Menciño 09-03-2010 09:55

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Muy buneo y muy sensato.
Leo todos sus artículos y me gustan. Enhorabuena Olarte


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