EL REPORTAJE
''Pese a ser un país pobre, aquí la gente sonríe siempre''
30/05/2010 - Mar M. Louzao / El Progreso (Lugo)
FRANCISCO JAVIER PENA VIVE desde 2002 a miles de kilómetros de su Ulloa natal. A este palense ingeniero de Telecomunicaciones las cosas le van viento en popa en la República Dominicana —donde ha formado una familia— y no tiene planes de regresar, salvo de visita.
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Estudió en Vigo y se fue a Toulousse (Francia) a realizar el proyecto de fin de carrera en 1999. Allí empezó a trabajar para el grupo Vinci, donde tenía por cliente a France Telecom. De la mano de esta empresa desembarcó en la República Dominicana en 2002 para trabajar como ingeniero de proyectos en el desarrollo de Orange en el país. Al cabo de tres años se desligó de la firma gala para iniciar otro proyecto como socio de Disa Consulting, «una empresa de Betanzos que estaba en plenocrecimiento en España», cuenta.
De este modo participó en la fundación de Disa Dominicana, que va al galope. «Tenemos un volumen de facturación de más de dos millones de euros al mes y crecemos a un ritmo de más del 110% anual», detalla Javier. Aparte de la excelencia de las cifras, el proyecto le entusiasma. «Dirijo una compañía de 40 personas realmente jóvenes, comprometidas con su trabajo y desde Disa les podemos suplir necesidades que a veces el propio sistema del país no hace, como sanidad, ayudas personales y otras», afirma.
Su forma de vida le permite seguir practicando deporte, sobre todo fútbol, aunque la República Dominicana es también «un país excepcional» para el golf —«aquí están los mejores campos del mundo y es un deporte muy accesible económicamente», cuenta— y el buceo.
Además, se ha hecho con un grupo de amigos «excelentes», que le han permitido «acceder a empresarios y círculos muy importantes en este país, que como ocurre en todos los países pequeños está manejado por unas cuantas familias», reconoce. En la República Dominicana «conviven dos mundos: ricos y pobres, y estos últimos son la gran mayoría».
A pesar de que le encanta el país, le desagradan «las pocas oportunidades de las clases bajas, que son más del 80% de la población, y lo poco que hacen los gobernantes para cambiar esta situación». Eso, junto con el desorden del tráfico y el bajo nivel de educación, constituyen la cara negativa de la isla. Nada, sin embargo, empaña «la amabilidad y alegría de la gente», que «siempre está con la sonrisa en los labios».
La isla tiene playas divinas, a las que Javier se escapa siempre que puede con su mujer y su hijo; pero también montaña, como el pico Duarte, el más alto de las Antillas, con 3.175 metros; o la llamada Suiza del Caribe, un vallea más de 1.100 metros donde la principal actividad es la agricultura y la mayoría de los habitantes descienden de gallegos.
Muchas veces los turistas se pierden esa República Dominicana «maravillosa» porque «van a Punta Cana y no conocen nada más que el hotel». A quienes quieran vivir el país, les recomienda un par de días en Santo Domingo, la primera ciudad de América; visitar una fábrica de ron —ahí producen marcas como Barceló o Brugal— y también de cigarros (puros) —en Santiago de los Caballeros se encuentran las principales familias productoras; como Arturo Fuerte, que posee la marca Davidoff—, así como una explotación de cacao. «Tampoco pueden irse sin tomarse una cerveza Presidente vestida de novia (muy, muy fría) en un clomadon y bailar merengue y bachata», añade.
Hay ciertas cosas que el visitante debe saber, como que «todos los precios se regatean y es aconsejable cambiar los euros a pesos al llegar para andar preparado», apunta Javier. También desaconseja conducir y recomienda «tomar un taxi o alquilar un chófer, que sale más
barato y es menos peligroso».
Para los locales , el medio de transporte más común es el «carro público», un vehículo «generalmente en mal estado del que se va subiendo y bajando gente; un elemento muy pintoresco, pero muy perturbador para el tráfico diario ya que frenan y arrancan de forma anárquica».
Por último, conviene estar al tanto del relajo caribeño: «La gente es muy impuntual y si te invitan a una fiesta a las ocho, una buena hora de llegada son las diez».
Desayuno de plátano, salami y huevos fritos
En la República Dominicana, el arroz es «el equivalente a nuestras patatas fritas», explica Javier. Algunas de sus versiones más comunes son con habichuelas y carne o el locrio
de pollo —una especie de paella a la dominicana—. A lo que mejor se ha adaptado Javier es al desayuno de «mangú (platano cocido machacado), salami y huevos fritos». Cuando se come fuera, conviene saber que las propinas suelen ser dobles. «En la factura aparece el 10% de propina, pero no todos los restaurantes ceden luego ese monto a los camareros; así que estos siempre se quedan esperando una propina de valor igual», cuenta.
Educación precaria
La sanidad y la educación son precarias en la República Dominicana. No hay una red pública de calidad, explica Javier, «y poder enviar a los hijos a un colegio privado constituye la principal preocupación para unos padres de clase media, ya que para una de clase baja es impensable». El coste es de unos 2.000 euros al año para un niño de 8 años. Algo similar sucede con la sanidad: «Si se quiere tener una mínima garantía es necesario un seguro privado», a pesar de los intentos de construir una seguridad social básica.
Dos mundos
El coste de la vida varía mucho en la República Dominicana. «Hay una total incoherencia a la hora de pagar una comida, comprar un apartamento o percibir un salario según el sector o la ciudad», dice Javier. El salario mínimo está en torno a los 140 euros y es «lo que cobran la mayoría de los profesores públicos». A su vez, es posible comer en restaurantes de clases bajas por unos tres euros, pero en uno de clase media-alta, se pagará por la comida entre 20 y 30 euros si sólo se toma agua. En cuanto a la vivienda, se puede comparar a ciudades europeas en el centro de la capital, en parte debido «a una creciente actividad de blanqueo por parte de las mafias de la droga».
La cúspide de la escala social se reúne en la Romana, donde tienen chalés y yates famosos como Julio Iglesias o Sharon Stone.










