"Es complicado, pero tenemos que asumir que la normalidad sólo se consigue viendo algo normal de manera repetida"


Etiquetas: Nelson Rodríguez, orientador, homosexualidad, Lugo

24/07/2010 - Carmen Uz (Lugo)

No tira las campanas al vuelo, pero sostiene que el avance en la aceptación de las diferentes opciones sexuales ha sido enorme. Cree que la próxima generación será la primera totalmente normalizada.

filólogo con formación en Sociología, este orientador sexual ve con frecuencia casos de discriminación sexual en su servicio, pero a la vez es testigo de escenas de absoluta normalidad entre personas del mismo sexo.

Por su experiencia al frente del servicio, ¿la opción sexual se visualiza ya como algo normal?

Legalmente todas las opciones son válidas, pero socialmente la realidad es otra. Influyen muchas cosas, la tradición, la educación... Queda por hacer, aunque se ha avanzado un montón. Ahora mismo quien no dice las cosas es porque no quiere, por su situación familiar, profesional... Las trabas casi te las pones tú por miedo al rechazo, que la mayor parte de las veces es irreal.

¿En qué aprecia ese avance?

Yo siempre pongo un ejemplo. La oficina lleva unos meses abierta, el segundo día salí a tomar un café y en la puerta había dos chavales de unos trece años con el tonteo normal de esa edad, la única diferencia es que eran dos chicos. No significa que todo esté conseguido, pero hoy la gente sale del armario de una forma totalmente normalizada, sin vueltas de hoja, sin justificarse, es así y punto. Ayudan mucho las campañas de sensibilización en los colegios.

¿Los chicos asumen ya como algo normal la homosexualidad?

Vamos a ver, los chicos se ríen de todo lo que es diferente, pero al mismo tiempo va calando la idea de que no es algo diferente sino una faceta más de nosotros. Yo soy muy optimista, creo que la siguiente generación va a ser la primera totalmente normalizada.

Sin embargo, todavía sigue habiendo agresiones físicas a personas homosexuales.

Sí, pero hay que saber enmarcarlas. No son de una persona a título individual sino que son promovidas por grupos con prejuicios y las va a seguir habiendo siempre, como los hay hacia personas de raza negra o sudamericanas o hacia las mujeres. Pero es algo puntual. Yo recuerdo que hace 15 años en la zona de ligue de A Coruña había palos todos los días.

De todos modos es llamativo que a nivel de colectivo se reivindique continuamente la normalidad y sin embargo siga habiendo mucha gente que oculta su condición.

Es que sumarse a la fiesta es fácil, lo difícil es asumir que eres el dueño de tu vida. Hay un miedo bastante infundado al rechazo, que se sobrepasa la primera vez que lo dices y que si no se arraiga. A los veintitantos te cuesta más que a los 18 y a los treinta y pico más que a los 20. Yo diría que el límite está en los 30, a partir de ahí es muy difícil por el malestar y los prejuicios que tienes contigo mismo. Es complicado, pero tenemos que asumir que la normalidad sólo se consigue viendo algo normal de manera repetida. Ahí está el compromiso personal de cada uno.

¿En el servicio que dirige ve casos de discriminación por la orientación sexual?

Muchos, aunque yo siempre digo que es una situación parecida a la de la mujer hace 25 años, todo el mundo se sentía con derecho a vapulearla pero se contenía porque sabía que empezaba a haber mecanismos para plantarles cara.

¿De los que ha visto, cuál le ha llamado más la atención?

Los más claros son hacia los transexuales porque legalmente todavía no tienen un estatus de ciudadano ‘normal’. Eso está dejando sin vida a mucha gente. Conozco a una persona a la que tardaron diez años en llamarla por su nombre de mujer en la consulta del médico.

¿Qué cree que ha aportado la ley de matrimonio homosexual? El número de matrimonios no está siendo tan alto como se esperaba.

Yo creo que es un tema que tiene más que ver con la tradición. La gente está habituada a vivir en pareja y el matrimonio lo ve como algo innecesario. No me parece algo llamativo porque es lo que se estila, pero es un logro que se haya conseguido el derecho al matrimonio. Además, las parejas homosexuales no se unen tanto, y lo hacen de forma más tardía y más libre.

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Nelson Rodríguez, frente al centro social Maruja Mallo (Foto: Sebas Senande)
Nelson Rodríguez, frente al centro social Maruja Mallo (Foto: Sebas Senande)