Un naufragio hecho exposición
28/07/2010 - Marita Negrelos / El Progreso (Viveiro)
Viveiro conmemora este año el bicentenario del hundimiento de la fragata Magdalena y el bergantín Palomo en la ría. Con ese propósito, una comisión creada ex profeso preparó una serie de actividades. La primera vio la luz hace unos días. Se trata de una exposición con restos del naufragio que puede visitarse en la nueva sala habilitada en el antiguo salón de actos del conservatorio. La muestra resulta de momento un éxito, dado que en la primera semana ya recibió la visita de unas 2.000 personas.
Una de las peculiaridades de la exposición radica en que nació con 130 piezas, pero a medida que pasan los días, los organizadores ya recibieron oferta de nuevos elementos por parte de particulares, que en las próximas semanas podrían agregarse al material que ya se exhibe, que tiene varias procedencias, pero sobre todo fue cedido por el Museo Naval de Ferrol y por el Museo do Mar de San Cibrao. Además, puede verse un portulano (mapa), donado por Lois Tobío al Seminario de Estudios Terra de Viveiro.
El portavoz de la comisión, Carlos Nuevo Cal, también cronista oficial de la ciudad del Landro, resalta el carácter didáctico de la muestra, que además de identificar cada pieza, en un cartel, por su procedencia, material, peso, dimensiones y lugar donde se fabricó, recoge en cuatro paneles las explicaciones sobre los navíos de la Armada Real inglesa que acompañaban a la flota española en la escuadra Cántabra, la cual pretendió expulsar a los franceses de Gijón, Santoña y Guetaria.
La historia
El resultado fue bien distinto, porque al fondear en Santoña se desató un fuerte temporal del nordeste, que les obligó a picar los cables y ponerse a la capa para guarecerse. Tras el fracaso, los barcos emprendieron el regreso y buscaron refugio en la ría de Viveiro, donde les sorprendió otro vendaval, que motivó la colisión de la Magdalena contra la fragata inglesa Narcisus, que logró zafarse. Peor suerte corrió la nave de la Armada española que quedó a merced del viento y la mar y se deshizo contra la arena de la playa de Covas, mientras el bergantín Palomo claudicaba en Sacido. El arenal vivariense amaneció el 2 de noviembre de 1810 sembrado de cadáveres.
La comisión del bicentenario editó un folleto, en formato revista, en el que Carlos Nuevo repasa los acontecimientos más sobresalientes del naufragio, así como las prospecciones realizadas en la ría para rescatar el material que ahora puede observarse, que procede únicamente de la fragata, porque del bergantín aún no se extrajo ninguna pieza. El folleto está dedicado, in memoriam, a Fernando Güemes, pionero en la investigación del hundimiento. Las fotos son de Paleo y Ariza, y la maquetación corresponde a Rosario San Isidro y Jesús Fernández.
La exposición cuenta con monedas, botones, distintos tipos de balas, pistolas, empuñaduras de sables y dagas, restos de un cinturón, fusiles de época con bayoneta incluida, además de utensilios de cocina diversos, entre los que hay cucharas de madera, que usaba la tripulación y de plata, de los oficiales; una escafandra, un octante, herramientas varias, una navaja de afeitar e incluso los cañones descubiertos por Alma Negra en 1951 y Antonio Quelle, tras la galerna de 1917. El temporal de 1973 dejo a la vista el obús Rovira. Los alumnos del Centrad confeccionaron los soportes para los tres, a imitación de los de la época.
La documentación que se acompaña permite conocer, por ejemplo, que la fragata llevaba 27.000 raciones de comida, y cantidad de munición y cañones.







