La diócesis teme que se saquen del país piezas robadas en 30 iglesias
05/09/2010 - Sabela Corbelle (Lugo)
El vicario de Pastoral, Luis Manuel Rodríguez, habla de una oleada. Y es que, según cuenta, las iglesias de la diócesis de Lugo están sufriendo, desde el pasado mes de abril, una auténtica avalancha de robos. Por el momento, se estima que hubo una treintena de templos que fueron objeto de distintos tipos de robos: desde objetos religiosos antiquísimos y de plata hasta, simplemente, un bidón de gasoil, de 26 litros, que sustrajeron en la iglesia de Calde. El temor es que las piezas más valiosas se vendan en el extranjero.
«En algunas iglesias, sólo roban los cepillos que, por otra parte, ahora suelen tener poco dinero ya que tenemos por norma guardarlo en el banco, como medida de seguridad. Pero, además, robaron candelabros, cálices, copones, incensarios, bandejas de la comunión y varios artículos de platería, metal o, incluso, oro como, por ejemplo, las joyas que tienen algunas imágenes de la Virgen como medallas o cadenas», explica Rodríguez.
El vicario no para de enumerar iglesias robadas. Sólo en el municipio de Lugo, entraron en Soñar, Calde y Teixeiro.
Fuera de la capital, «hubo seis iglesias robadas en Monforte en sólo doce días, cuatro o cinco robos más en A Pobra do Brollón, uno o dos en O Incio, cuatro o cinco en Sarria, también entraron en Visuña do Courel...», recuerda el vicario de Pastoral, que llega a afirmar que el total de iglesias robadas puede llegar a la treintena.
Dar con la identidad de los autores resulta un poco más complicado. Esta semana fue detenido un vecino de Soñar por el robo en la iglesia de su pueblo, junto a otro hombre. Pero este tipo de delitos también pueden ser llevados a cabo por bandas organizadas.
«Puede haber de todo. Sin acusar a nadie, podría haber una red formada por anticuarios, joyeros o chatarreros sin escrúpulos, incluso de países vecinos, que compraran este tipo de artículos. Lo que está claro es que si no hubiese quien comprase, no tendrían valor. Y hay cosas que no son fáciles de vender porque, por ejemplo, ¿a quién le puede interesar un cáliz o un incensario?», dice el vicario.
Parte de los artículos sustraídos tiene su valor. Tanto es así que, puesto a sumar, Rodríguez calcula que la cuantía del botín puede oscilar entre los 2.000 y los 5.000 euros por iglesia. A falta de cerrar cifras, se baraja que el botín pueda ir de los 60.000 a los 150.000 euros. «En Monforte, por ejemplo, lo robado puede ascender a 4.000 euros. El cáliz más sencillo puede valer 1.000 euros, un incensario puede costar entre 400 y 500 euros, un candelabro entre 75 y 100...», calcula. A mayores están los daños en los edificios. Los ladrones van a por todo, incluidas cadenas y medallas de oro que tienen algunas imágenes de la Virgen
Calde
Una de las iglesias asaltadas es la de Calde. Los ladrones rompieron los cepillos y se llevaron 12 euros. Allí robaron hasta una lata de 26 litros de gasoil para la calefacción. El párroco, José Goy, que insiste que fue su único botín tras abrir todos los cajones y es que en esa iglesia, que revolvieron completamente, se había tomado la precaución de sacar objetos de valor, incluidas las vestiduras talares. En tanto, objetos robados en Soñar por un vecino aparecieron destrozados.
Lo peor de los asaltos no es, muchas veces, el valor del botín, sino los destrozos, que son difíciles de reparar en tiempos de crisis. Especialmente dañadas resultan las puertas.
«Arreglar una puerta puede costar entre 400 y 600 euros y las parroquias no están para estos gastos. Muchas veces cuesta más arreglar las cerraduras que lo que se llevan del cepillo. Además estos robos son auténticas profanaciones de lo sagrado», dice el vicario.
En la iglesia de Calde, por ejemplo, los ladrones arrancaron el entrepaño para poder entrar. «La arreglamos entre dos o tres vecinos porque, de momento, no podemos meternos en gastos. Pero también le dieron varios golpes a otra puerta pequeña y las señales se quedarán ahí, como una herida de guerra», cuenta el párroco, José Goy.
Aunque, años atrás, hubo algún robo en iglesias, en los últimos meses estos delitos se están disparando. Además de ser más frecuentes, el tipo de objetos sustraídos es más variopinto. Si antes se robaban, fundamentalmente, imágenes, ahora se están llevando artículos religiosos. Más chocante es el caso de una iglesia de Silleda, en la diócesis de Lugo, donde los ladrones se llevaron hasta las campanas.
Respecto a los autores, en la mayoría de estos casos, los autores de los robos suelen ser, según explicó la Policía Nacional, «delincuentes de poca monta que aprovechan todo lo que pillan para revenderlo después todo como chatarra». La Guardia Civil no quiso pronunciarse sobre la investigación de estos expolios.







