El bravú resurgió con fuerza en Chantada
01/11/2010 - L.A.R. / El Progreso (Lugo)
«Cheo a reventar». Así se refirió en la tarde de ayer uno de los organizadores de la octava edición del Castañazo Rock celebrada en Chantada y que va más allá de lo musical, pues se intenta, y consigue, revivir una de las etapas más fecundas de la cultura popular gallega, el movimiento bravú, nacido a principios de los años 90 del siglo pasado y liderado por grupos y cantantes salidos de pequeños pueblos que reivindicaban una vuelta a los orígenes.
Según los defensores de este movimiento, el bravú es un «rock sin capar, que surgió cuando las guitarras llegaron a las aldeas» y que parece que sigue teniendo adeptos.
Y es que los números que manejan los convocantes de este encuentro sitúan la afluencia de público llegado a Chantada de todas partes de Galicia, de Asturias, Madrid y el País Vasco, entre otras regiones; así como de Portugal, en más de dos mil personas que en la noche del sabado disfrutaron con la música de los grupos Banda Bassotti, de Roma; Boikot, de Madrid; Ruxe-Ruxe, de Santiago de Compostela; y Alén, de Chantada.
Ayer, como aperitivo al concierto que darían por la noche Obrint Pas, de Valencia; Fe de Ratas, de Avilés; Dakidarría, de Nigrán; y Guezos; de Ourense, el público tuvo la oportunidad de participar en juegos tradicionales, en el caso de la billarda; y otros denominados bravús, como fue el lanzamiento de boina, ganado aquellos que lograban que llegase más lejos; y la corrida de leiteiras, consistente en llevar a la carrera y calzados con unas zocas unos recipientes metálicos que se usan para recoger la leche en las explotaciones ganaderas.
Los más pequeños también disfrutaron del Castañazo gracias a un hombre orquesta, de nombre Ce-Orquesta Pantasma, que a partir de un repertorio compuesto por melodías y cantigas en gallego trató de transmitir a los niños diferentes aspectos de la cultura propia de Galicia.
Los participantes en este encuentro, que se remonta a 1994 y que se dejó de celebrar entre 1998 y 2006 debido a la falta de apoyo institucional al entender los políticos que era un tanto transgresor, valoraron la calidad de los grupos nusicales, pero también el lugar elegido, las inmensas naves del mercado ganadero chantadino, lo que les permitió estar de fiesta bajo cubierta durante dos días en los que no paró de llover. Ya se anunciaba en los carteles del Castañazo: «Aínda que caían chuzos de punta estaremos baixo cuberto e ao quente».
Desde el Ayuntamiento, calificaron de un éxito «un festival que non lle ten nada que envexar a ningún outro», indicó el concejal nacionalista Ildefonso Piñeiro, que añadió que la gente «divertiuse moito sin problema algún, e eso é o importante».









