Carta a un padre ejemplar


Etiquetas: José García López, obituario

26/11/2010 - María Zoilo García Vuelta

Querido papá:

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Ésta no es una carta de despedida, pues tú eres una de esas personas que jamás te irás, permanecerás en el día a día de nuestras vidas, inundándonos con tus consejos, tus buenas obras y tu recuerdo permanente.

Han sido tantas las veces que tú nos has dado gracias, por un simple beso, por una caricia, por un paseo, por lo bien cuidado que estabas como tú nos decías, por pequeñas cosas que para nosotros no tenía importancia pero que para ti sí la tenían y siempre nos lo agradecías y somos nosotros papá los que a través de esta carta queremos agradecerte todo lo maravillosa y fácil que nos has hecho la vida, siempre pendiente de tu esposa, el amor de tu vida; de tus hijos, siempre los mejores; de tus nietas, los soles que te iluminaban; de tus otros hijos, como tú llamabas a tus hijos políticos, Pedro y Celia.

Nos has enseñado grandes valores papá, a tu lado hemos vivido momentos inolvidables, cuando nos contabas historias de tu juventud, cuando nos enseñabas a respetar a nuestros mayores, a perdonar, a ser amables, a no tener rencores, a reír, no soportabas vernos tristes.

Nos has sabido perdonar siempre nuestros errores y animarnos en momentos difíciles, siempre has elogiado nuestros triunfos y te has emocionado con pequeños logros que hemos podido conseguir.

Nos has acompañado siempre a todos los sitios que teníamos o queríamos ir, recuerdo papá cuando me llevabas a Santiago a hacer mis exámenes y cuando estábamos llegando me decías: escribe en un papel tu deseo que se lo voy a llevar a Nuestro Señor del Huerto a la catedral para que te ayude; cómo voy a olvidar cuando me esperabas a la salida de la discoteca o me llevabas a las fiestas y yo te decía: papá, quiero quedarme un poco más y siempre contestabas: sí hija, pero a cada ratito ven a verme que quiero saber cómo estás; era la envidia de mis amigas, ¡qué padre tan maravilloso tienes!, me decían.

Qué inteligencia más sabia tenías, se podía hablar contigo de cualquier cosa, pues siempre nos entendías y cuántas cosas nos enseñabas, siempre amigo de la lectura llegábamos a casa y nos tenías los recortes del periódico para cada uno de nosotros de todo aquello que creías nos podía interesar.

Y qué cortesía la tuya, no recuerdo ni una sola vez que saliésemos de casa que no nos dijeses lo guapos que íbamos.

Qué pasión por tus nietas papá, cuánto te querían. Andreíta, con sus quince años nunca olvidará los bellos momentos que compartió contigo, como cuando la llevabas en el tractor, cuando comíais en el mismo plato, cuando dormía en medio de ti y mamá, cuando le ponías en la televisión los programas que le gustaban y los veías con ella. Y tu pequeña Cristina, que con sus once meses siempre quería estar con su «babá», dándote besos, jugando mientras tú la cuidabas en su parque, paseando en tu regazo en tu silla de ruedas, decías: qué muñeca, sabe que me puede caer y no se mueve. Ella es muy pequeña pero lo recordará porque siempre le hablaremos del gran abuelo que tenía y de lo que la quería; eran las dos tu gran pasión.

Y mamá, qué mujer tan grande, decías siempre que no había esposa que cuidara y quisiera tanto a su marido, permíteme darle también a ella las gracias por haber permanecido siempre a tu lado. Durante veinte meses en que has estado más delicado no se separó de ti ni un segundo y a lo largo de vuestros cuarenta y nueve años juntos qué ejemplo de amor nos habéis dado, siempre unidos y de acuerdo en todo; para ti lo que ella hiciera o decidiera siempre estaba bien.

También en esta carta de gratitud hacia ti papá quiero dar las gracias a tanta gente que estos días nos ha ayudado a sobrellevar estos difíciles momentos, demostrándonos lo muy querido que eras y diciéndonos la gran persona que teníamos como padre.

Gracias también a la tía Pepa, tu hermana del alma, que ha estado a nuestro lado y al tuyo cuidándote y mimándote como nosotros.

En fin papá, gracias por ser un esposo, un padre y un abuelo ejemplar, con tu ternura y comprensión nos has demostrado que la vida tiene un gran sentido y que de pequeñas cosas también se puede disfrutar, por eso luchabas por no irte y seguir entre nosotros pues a nuestro lado para ti la vida aunque tuviese limitaciones tenía sentido, pero seguirás siempre aquí papá, pues en cada momento nuestro estás tú. Descansa en paz y recuerda darle un beso a los abuelos que tanto te querían y a tantas personas por las que lloraste su pérdida y que te habrán recibido con gran alegría y acogida, pues sabían que no te gustaba la soledad. Hasta siempre papá. Te queremos.

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