Lucenses sin fronteras

''Cambiar la imagen de vagos de los españoles no es fácil''


Etiquetas: Breixo López García, Alemania, Friburgo, Lugo, Lucenses sin fronteras

27/02/2011 - El Progreso (Lugo)


A punto de ser ingeniero industrial, Breixo López prepara su proyecto de fin de carrera en Friburgo, una ciudad alemana con gran espíritu universitario. Asegura que cuesta ganarse a los nativos, pero está encantado con la diversidad que ha hallado a las puertas de la Selva Negra


breixo lópez cursó ingeniería industrial en Vigo y este año realiza el proyecto de fin de carrera en Friburgo (Alemania). No era él el más convencido de la conveniencia de esta estancia en el extranjero, pero su familia y sus amigos lo apoyaron en bloque. «Yo no me veía a más de 200 kilómetros de mi casa, y ahora es lo contrario, ahora quiero sentirme aún más lejos», dice sobre esta experiencia en tierras alemanas. Para decidir su destino, procuró huir «de lo mítico, no quería ir a Munich o a Berlín» y acabó en Friburgo, la ciudad más meridional de Alemania, con un ambiente universitario muy dinámico. «Aburrimiento no hay, pero mucho tiempo para descansar, tampoco», asegura. Ya sea por las posibilidades que ofrece la Selva Negra o por las fiestas que se organizan sin importar el día de la semana, según cuenta.

Breixo realiza su proyecto fin de carrera en el departamento de robótica de la Escuela de Informática, y vive en una residencia. Dsifruta de «la mezcla de culturas y la diversidad» y lleva peor «la comida, que le echan cantidades ingentes de salsa, de tal forma que a veces en el comedor universitario elijo los platos mirando qué salsa me gusta más, porque lo demás no se ve».

A los alemanes los define como «muy suyos; relacionarte con ellos de forma directa es muy difícil y te los tienes que ganar mucho», indica. Sin embargo, una vez se conquista su confianza «suelen ser muy fieles, pero en el primer momento pueden pecar de fríos y distantes. Después con el paso del tiempo se sueltan y esa idea de fríaldad se desvanece».

Quizás es un poco más difícil para los españoles porque «somos tratados de vagos y burros en el peor de los casos, y para cambiar esa imagen tienes que luchar mucho y convencerlos, que no es cosa fácil». La parte buena, según Breixo, es que la sociedad alemana «te ayuda en casi todo».

A él la experiencia le ha servido para aprender a sacarse las castañas del fuego. «Para lo bueno y para lo malo no tienes a nadie ahí, además de los amigos que consigas durante el Erasmus. Ellos ayudan mucho, pero hay ciertas cosas en las que no queda más remedio que desenvolverse solo», asegura..

Breixo se maneja en inglés y ha empezado a ir a clase de alemán, pero «ciertamente va muy lento», reconoce. Convive con tres chicas nativas y le llama la atención que no existe el concepto de sobremesa. «Las comidas las hacen rapidísimas», aclara. Además, no conciben cenar más tarde de las ocho y «a partir de las siete de la tarde, ya es hora de estar en casa».

La educación universitaria le parece «mejor que la española en términos generales», pero en el sistema alemán encuentra un problema grande: «la secesión que hay a partir de los 10 años». A esa edad, relata, «se les hace pasar un examen y se les divide en diferentes escuelas por sus conocimientos, según se consideran aptos para la universidad, o sólo válidos para ciclos, o ninguna de las anteriores». A Breixo esta división no le convence en absoluto. «No por nada, sino porque con diez años no eres consciente de lo que quieres hacer».

En cuestión de precios no encuentra mucha diferencia con España. «E incluso si buscas bien, comer te puede salir más barato. Por ejemplo, en el Atlantik, un plato de pasta cuesta 3,95 euros y en el comedor de la universidad puedes comer por 2,95 euros». En el resto de las cosas, los precios son similares, si acaso «un poco más caro en aquellos productos que no abundan mucho, como es la fruta, pero casi no se nota la diferencia».

Sí es cierto que hay, por ejemplo, hábito de dar propina, aunque los estudiantes se hacen un poco los suecos. «Lo malo es que el camarero como que espera más para darte la vuelta si no le dices nada, pero si se lo redondeas hacia arriba, es decir, una cosa que cuesta 3,40 lo dejas en 4, te la da enseguida». Él procura redondear al alza.

Al margen de los lugares típicos que salen en las guías, Breixo recimienda a los visitantes visitar el pub Faerling, «que sólo vende la cerveza que fabrica y la verdad es que es muy rica, de la mejor que hay en Freiburg». También sugiere un paseo por el barrio de Vauban. «Es una cosa muy curiosa cómo se mezcla la modernidad y el respeto por la naturaleza, con casas que sacan todo el partido a energías renovables y con construcciones que al lado de un parque pasan desapercibidas». Ahí le ha tocado vivi su experiencia alemana.

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Fotos

Breixo López, en un cruce de caminos en la Selva Negra.
Breixo López, en un cruce de caminos en la Selva Negra.