«Lleva a ese chico a su habitación », «cámbiale el suero a ese chico», «dieta absoluta para ese chico», «introdúcele esa lámpara por el recto a ese chico»... Si con 38 años, pantuflas y una bata a cuadros —¡con el carácter que imprime una bata a cuadros!— sigues siendo «ese chico» hasta para las enfermeras en prácticas, es que ya nunca serás otra cosa. Es curioso ver a qué concedes importancia cuando estás hospitalizado. Será por el tiempo, que pasa raro, como arrítmico, sin constancia. Y eso cuando aún te puedes agarrar a desayuno, comida, merienda y cena, porque si la dieta es absoluta pierdes toda referencia, lo mismo te da mañana que noche y las horas se van entre adormecidas y abandonadas. Aquí dentro no hay manera de aprovechar el tiempo. La mesilla es un montón de libros y revistas sin abrir y las últimas películas descargadas duermen en el portátil sin esperanza de ser vistas, porque hay horas para todo y ganas para nada.
Algo parecido con el tiempo le debe pasar al propio hospital Xeral desde que le diagnosticaron lo suyo y le dijeron que no había más opción que trasplantarlo a otro edificio. Las tripas del Xeral rugen como las mías, pero no de hambre, sino de olvido. Allí donde miras hay herrumbre, desconchados y abandono, como si se tratara de un enorme enfermo desahuciado que, consciente de su estado terminal, no aspira a más tratamiento que el paliativo, y éste apenas le alcanza para sustentar la dignidad mientras el cuerpo se va cayendo a trozos. Los marcos, las puertas, las paredes ya no se molestan en ocultar las heridas abiertas por el descuidado ir y venir de las pesadas camas; las sillas, parientes cercanas de la Vieja Sparky texana, sólo siguen siendo legales en este país porque carecen de toma de corriente; localizar un soporte móvil para el gotero que aún ruede en lugar de arrastrarse es un imposible...
Ésa es otra, ¿quién narices diseñó los soportes móviles para goteros? Hace falta un curso completo, con su teórica y su práctica, para conseguir que pasee a tu lado sin perder la estabilidad y sin que el frasco acristalado de suero cascabelee como el caballo aquel al que le cantaba Joselito, ese niño modelo que se transformó en adulto también desahuciado. Y es que, ya digo, es curioso ver en qué cosas te fijas cuando no te puedes fijar en nada. Como los pijamas azul sergas, que es como el azul galicia pero mustio, apagado, enfermo. Supongo que se eligieron porque serán cómodos para algo, aunque no sé para qué. Hay varias tallas, algo así como grande, extragrande y enorme. En el mío caben tres como yo y aún queda sitio para que vayan oreándose sus respectivos puntos de sutura. Cuando se está malito y el ánimo sólo llega por vía intravenosa, cualquier cosita ayuda, como poder presentar un aspecto digno ante las visitas o ante el espejo. El espejo, eso también tiene lo suyo. Uno siempre se refleja con aspecto enfermizo en el espejo del baño de la habitación del hospital. ¡Coño, por algo estás dentro!, dirán ustedes. Pues no. O no sólo por eso. Es por la luz, que confiere a cualquier tez un color amarillo hepatitis. Prueben con una camiseta blanca a la luz natural, y verán como dentro del baño es amarilla. Yo creo que se ahorrarían muchos días de estancia en el hospital simplemente con cuidar un poco la luz sobre el espejo, como en los vestidores de las tiendas modernas, que cualquier cosa que te pruebas te sienta de narices.
Otro cantar es el de la intimidad. No hablo ya de compartir habitación, que a todo se habitúa uno, sino del hecho de que cualquiera con uniforme, sea cirujano o utillero, entra en cualquier habitación, en cualquier baño, como si los que estamos allí no existiéramos. Ni un mínimo toque en la puerta, siquiera por avisar de que allá voy y vete tapándote las vergüenzas. «Es que ya estamos acostumbrados a ver de todo y no nos asustamos de nada», responderán ellos si se les pregunta. ¡Ya, pero yo no, y si tuviera el más mínimo afán de exponer mi pene triste al juicio general lo colgaría en internet, donde también están hechos a ver de todo! En lo que ya no me meto es en lo de cerrar la puerta al salir, porque creo que lo tienen prohibido por convenio. Esto de la cosificación es muy de hospital, como cuando te llevan a hacer una prueba en silla de ruedas, que tu conductor va saludándose con otros celadores que pasan con sus respectivos vehículos como si estuvieran en una concentración de motos, y al final te aparcan en cualquier lado como si fueras una Vespa.
Pero, por Dios, no quiero que entiendan esto como una crítica al personal, ni mucho menos. Médicos, ateeses y auxiliares son de lejos lo mejor en este hospital. Y, además, espero que todos ellos recuerden esta frase cuando vayan a hacerme la colonoscopia que tengo pendiente. Quizás así merezca un poco de vaselina o, si acaso, un «tranquilo, cariño» en lugar de un «esto va a doler, chico».
06/04/2008
Certeira e demoledora descrición do que é o Xeral, un moribundo nunca puido curar un enfermo, por moita vontade que poña...
Que razón tes.Acabo de lembrar as distintas veces que tiven que pasar polo Xeral e vivín todas esas experiencias. Como anécdota decir que a min o celador aparcoume ó lado dos que van poñer a quimioterapía e desapareceu sen decir nada. Ata que volveu (5 minutos aprox.)dinlle moitas voltas á cabeza, para acabar en consultas externas facendo unha simple ecografía.
Lo más simpático, por decir algo, que me ocurrió a mí en ese hospital fué que, tras unos cuantos pasillos recorridos, el celador que empujaba a duras penas la camilla sobre la que viajaba me preguntara por mi peso... "Es que pareces bastante grande y acabo de ver que esta camilla tiene un letrerito de PMA 100 kilos... Malo será, ¿no?"
Pues eso... Será malo, será...
DOuche moita razon en canto o funcionamento dos hospital, que xa se ve a simple vista..
pero eu son enfermerira de practicas e normalmente trato os meus pacientes polo seu nome.Por que creo que merecen un bo trato e si nun momento non te acordas do nome pos tes a pizarriña para saber o nome. Como comprenderas é mui dificil aprender todos os nomes pero eso é o de menos
o importante e tratar a xente como persoas