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Ángel Correa Ángel Correa
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A 20 grados en diciembre

LO mejor del martes en A Coruña es que parecía de primavera, que solo lo parecía. Pese al sol y a los cerca de 20 grados, a orillas del Atlántico también era diciembre, un mes tan alejado de los play off que está fuera de lugar perder la calma.

Perder ayer fue un palo para el Breogán por muchas cosas, porque dejó escapar la ocasión de quedarse en lo más alto sin nadie que lo moleste alrededor, porque se vino abajo al final cuando tenía el choque encarrilado y porque es una pena que el montón de aficionados desplazados a Riazor se volviesen para Lugo masticando una derrota. Pero no fue más que un partido y el equipo lucense sigue donde le gustaría estar.

Tal vez sería por culpa de los atascos en la A-6 y en la cola de entradas de Riazor, pero el caso es que el Breogán llegó tarde al partido… y por si fuera poco, se fue antes de tiempo. A la postre fue lo que le costó el triunfo. Durante la primera parte, el equipo luchó por evitar que el equipo coruñés se marchase en el marcador a base de triples. Y lo logró, la distancia nunca fue insalvable y consiguió que en el ambiente flotase la sensación de que en cualquier momento el marcador se iba a apretar. Y así fue.

Así fue gracias a dos cosas, a una mejoría en defensa y a una exhibición ofensiva de Salva Arco. El mismo jugador que tantas veces sufrió la afición celeste se puso la capa tras el descanso y le dio la vuelta al partido. Lo más difícil estaba hecho, pero aún faltaba lo que a la postre fue imposible, mantener el nivel en el tramo final. Y es que fuese por culpa de la agresiva defensa del Coruña o por el cansancio, el Breogán se quedó sin gasolina cuando el reloj corría hacia el cero.

Es una pena perder un partido con ambiente de final, con el pabellón dividido en dos colores, pero no deja de ser un partido, y de diciembre, el camino parece el correcto y que nadie dude de que enfrente había un buen equipo y en un día de esos en que, por momentos, el aro crece hasta el tamaño de una piscina. El año pasado, con Riazor también pintado a dos colores, el conjunto lucense vivió una pesadilla mucho peor, tanto que le hizo despertar de golpe. Aquel día el viaje de vuelta fue mucho más duro. Ayer dio rabia perder un partido que se tenía al alcance de la mano, pero las heridas son superficiales. Agua oxigenada, una tirita y a pensar en el próximo reto, que será también en diciembre, no creo que con 20 grados, pero también en diciembre, con kilómetros que recorrer por delante.

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