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El Lugo, colíder tras ganar al Alcorcón (0-1)

de actualidad
Michel Salgado Míchel Salgado
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Eso espero

EL BREOGÁN salió de su órbita para homenajear a tres figuras claves en la historia del deporte lucense. Se salió de su órbita porque Antonio Feás, Jorge Chao y Victorino López Melle fueron, además de insignes breoganistas, máximos responsables en su día de la Federación Lucense de Baloncesto, la nave nodriza que planea sobre los clubes de la provincia.

Se salió de su órbita, pero no mucho, pues el viaje del Breogán siempre ha ido de la mano del de la federación lucense. Hasta han compartido maleta. En momentos críticos, sin el esfuerzo de gente como Feás, Chao o Melle el breoganismo casi con total seguridad habría pasado a la historia. Pero es que ya hemos contado muchas veces por aquí que el Breogán conquistó desde su nacimiento el corazón de la ciudad; siempre fue su ojito derecho, como para no serlo de la federación.

Hoy en día Breogán y federación orbitan por galaxias lejanas. Se ven a la distancia, pero apenas hay contacto. Sus universos son distintos. El club celeste, inmerso en el baloncesto profesional (dejo aquí un espacio para que se rían si quieren.............) y como sociedad anónima deportiva, convive con preocupaciones que viajan a años luz de la federación lucense. Pero hace años, en los orígenes del universo celeste, el Breogán contó en momentos puntuales con el apoyo de gente como Feás, Chao o Melle, apellidos que suenan a baloncesto, como Lugo.

De chaval tuve un pequeño contacto con la federación lucense. Fue allá por los ochenta. Con 13 o 14 años era el base del equipo del colegio que, contra pronóstico, se clasificó para la final provincial escolar. El rival fue el Martínez Otero de Foz y el partido se jugó en Xermade.

Perdimos y el arbitraje fue lamentable (que no suene a disculpa, eran mejores), así que nuestra entrenadora decidió llevarnos a todos a la federación para protestar por la actuación de unos colegiados que no se sabían ni las reglas.

Nos recibió un señor muy amable que, con una sonrisa en el rostro, vino a decir que le importaba un bledo nuestra vida. Ahora me gusta pensar que no nos hizo caso porque estaba trabajando por el bien del Breogán.

Después fuimos al colegio a entregarle al director la copa de subcampeones. De otros deportes sí, pero de baloncesto no había ningún trofeo en las vitrinas. Pensábamos que le haría ilusión. ¿Y cómo es que no ganasteis?, dijo con cara de mala leche.

De aquellos dos sopapos guardo mejor recuerdo del primero. Aquel señor nos dedicó al menos una sonrisa y, además, nos atendió cuando estaba trabajando por el bien del Breogán.

Eso espero.

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